ZARZALEJO, ENTRE MADRID Y SEGOVIA, por Jonathan Gil Muñoz

Descubrir paso a paso los pueblos de la Sierra de Guadarrama es dar un paseo por la historia de esta tierra. Zarzalejo es uno de esos enclaves que aún habiendo crecido y vivido transformaciones a lo largo del los siglos ha sabido guardar celosamente su carácter puramente serrano.

Aunque a día de hoy esta villa se cuenta dentro de la Comunidad de Madrid no hace mucho tiempo pertenecía a la Comunidad y Tierra de Segovia, dentro del Sexmo de Casarrubios. Un pasado segoviano que está muy presente en el día a día de Zarzalejo.

El escudo, tarjeta de presentación

El blasón del pueblo resume todo lo que es. En él aparece una zarza, dos montañas y un acueducto. Dice la tradición que el nombre de Zarzalejo proviene de la gran abundancia de zarzas existente en todo el municipio serrano, de ahí su presencia en el emblema. Las dos cumbres son Las Machotas. Una es la Machota Grande y la otra la Chica. Dos cimas de 1461 y 1404 metros respectivamente, que forman una defensa natural alrededor de Zarzalejo.

Imponentes moles de aspecto redondeado en las que ha echado raíces una vegetación muy interesante compuesta de robledales, castañares, enebros y en las partes altas, piornal. Además en la Machota Grande (popularmente llamado Pico del Fraile) se han encontrado fragmentos de cerámica pertenecientes a la Edad de Bronce, restos de los primeros moradores de estas tierras. Y cierra el escudo el perfil del Acueducto de Segovia, guiño al pasado segoviano de Zarzalejo y representado en el fragmento del que más abajo hablaremos.

Los dos Zarzalejos

Con estas breves notas el viajero ya está preparado para comenzar su visita a Zarzalejo. Este pueblo está dividido en dos núcleos urbanos, Zarzalejo pueblo y Zarzalejo Estación, también llamado este último Los pajares, por la existencia de este tipo de construcciones que sirvieron, y aún sirven algunas, para guardar los aperos de labranza, los frutos de las siembras o el propio ganado, principal ocupación histórica de los zarzalejeños, sin olvidar la cantería.

Un posible itinerario es llegar hasta la plaza de la Constitución. De forma rectangular la preside el edificio del Ayuntamiento. Un espacio que antaño sirvió como escenario para las ferias de ganado, y después como plaza de toros. De ello quedan algunas talanqueras o agujas en los extremos de la plaza. Unos monolitos de granito agujereados por los que se introducían las maderas que cercaban el perímetro. Justo detrás del Ayuntamiento se llega al Mirador de El Guijo. Un amplio balcón que se abre desde la pequeña meseta que ocupa Zarzalejo y permite disfrutar de unas vistas únicas de todas las dehesas de la zona.

Iglesia de parroquial de San Pedro Apóstol

Volviendo de nuevo hasta la plaza de la Constitución dejamos atrás el mirador y la enorme grúa decimonónica que la adorna para seguir el itinerario dirección Puerto de la Cruz Verde. En paseante se dará de bruces con la iglesia de parroquial de San Pedro Apóstol. El templo, de estilo herreriano, fue iniciado justo en el año en el que Cristóbal Colón ponía los pies en el Nuevo Mundo, aunque en 1619 fue objeto de una importante reforma.

Siguiendo en la misma dirección nos encontramos con dos fuentes. La primera, la del Caño Nuevo, está fechada en 1850, y la segunda y más bella es la del Caño Viejo, factura del siglo XVIII. Al escudo de Zarzalejo quizás le falta una fuente. Aparte de las muchas que podemos encontrar en el pueblo (la de la Zuzana y la del Caño Prado Concejo en Zarzalejo Estación) sus aguas, en especial las del Caño Viejo, tienen según los lugareños propiedades medicinales y curativas. Desde luego que para el sediento caminante estos frescos chorros de agua cristalina tienen un sabor muy especial.

El Zarzalejo ferroviario

Camino de Los Pajares nos encontramos con una de las joyas históricas de Zarzalejo. Aún en el pueblo viejo, pegada a una parada de autobús, en un pequeño prado, se encuentra un fragmento del Acueducto de Segovia. Si no es por una señal que lo indica nadie repararía en él, y aún así es lo que comúnmente ocurre. Sucede que Zarzalejo perteneció, como ya se ha apuntado, a la Comunidad y Tierra de Segovia, desde el siglo XII hasta 1833. Esta organización administrativa se estructuró entorno a los sexmos, que toman el nombre de la división en seis partes del territorio que abarcaba la Comunidad y Tierra.

El Zarzalejo ferroviario nació como consecuencia del paso por el pueblo de la línea Madrid-Irún. Fue inaugurada en 1863 y entorno a ella se fueron levantando las viviendas de los trabajadores del ferrocarril así como casones de recreo de los más pudientes. Es aquí donde el visitante puede contemplar los pajares que dan el sobrenombre a este barrio además de seguir disfrutando de bellos ejemplos de casas construidas al más puro estilo serrano. Un potro de herrar y la moderna iglesia de Nuestra Señora de la Asunción completan el paseo que los más aventureros pueden completar con la búsqueda de los restos de una calzada romana en el camino de la Alberquilla.

Un anécdota histórica curiosa es la que tiene que ver con la distancia que en los viejos planos ferroviarios de hace más de 70 años marcaban entre Zarzalejo y Robledo de Chavela; dos km. En realidad son nueve si se viaja sobre los raíles. Tiene que ver con el kilometraje que figuraba en la antigua concesión de explotación a favor de la compañía del Norte, quien detectó el error y pidió la corrección de esos siete kilómetros que restan, cosa que fue rechazada por el Ministerio de Fomento. Durante todo ese tiempo la distancia en tren de Madrid a Irún tenía siete kilómetros menos, perdidos entre Zarzalejo y Robledo.

Zarzalejeños o caribes

Dice una leyenda local que Felipe II tenía pensado en un primer momento ubicar su famoso Monasterio en tierras de Zarzalejo, entre otras razones por su privilegiada localización y la cercanía de las canteras de piedra de las Machotas. Pero ocurrió que los lugareños se opusieron a esto con tanta vehemencia que finalmente el monarca tuvo que desistir, afirmando que los zarzalejeños eran “indómitos como los indios caribes”. De ahí el apodo que reciben, los caribes.


Texto: Jonathan Gil Muñoz

Documentación Gráfica: Jonathan Gil Muñoz. Creative Commons

Artículo publicado en el nº 183 de Apuntes de la Sierra – Mayo 2010


 

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