UN TREN QUE ATRAVIESA EL GUADARRAMA Y SU PASADO por Jonathan Gil Muñoz

ESTACIÓN DE COLLADO MEDIANO

El ferrocarril representó la llegada a esta comarca de uno de los medios de comunicación más importantes del momento, que conectó la Sierra con la capital de España primero y después con los puertos comerciales, principalmente los del norte del país

La llegada del ferrocarril, junto con las estaciones y apeaderos, que comenzaron a aparecer en muchos de los pueblos de la Sierra de Guadarrama desde finales del siglo XIX, representó la llegada a esta comarca de uno de los medios de comunicación más importantes del momento, que conectó la Sierra con la capital de España primero y después con los puertos comerciales, principalmente los del norte del país.

Casi inmediatamente después de colocarse los raíles llegaron los primeros turistas, que en algunas ocasiones levantaban casas de veraneo en las inmediaciones de las estaciones, constituyendo núcleos poblacionales independientes dentro de un mismo municipio, tal y como puede verse todavía hoy. Estos barrios son bellos ejemplos de construcciones de recreo de principios y mediados del siglo XX que guardan, junto con las propias estaciones, una importante similitud con respeto a las casas tradicionales de los pueblos del Guadarrama.

ESTACIÓN DE CERCEDILLA
ESTACIÓN DE CERCEDILLA

Muchas de estas colonias se han ido transformando con los años, no llegando a desaparecer pero sí perdiendo su carácter original. Ocurre los mismo con muchas estaciones y apeaderos, el devenir de los tiempos han acabado por echarlas abajo. Es el caso de la estación de Villalba, que sustituyó la suya por la actual, más moderna pero no por ello mejor, exenta de cualquier valor histórico. De este pueblo, hoy transformada en una pequeña ciudad, parte la línea férrea que conecta Villalba con Ávila, y en la que nos centramos en esta ocasión, la que va hasta Segovia.

 

Una pincelada histórica

ESTACIÓN DE LOS MOLINOS
ESTACIÓN DE LOS MOLINOS

En un primer momento, en 1881, se adjudica la concesión del ferrocarril de Segovia a Medina del Campo, a Miguel Muruve, diputado provincial segoviano que, posteriormente, la cedió a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España (CCHNE), más conocida por Norte, que más tarde realizaría una prolongación desde Villalba de la línea ya existente entre Madrid y Ávila y que pasaría por Cercedilla hasta Segovia (1888), ciudad que desde 1884 ya se encontraba conectada con Medina del Campo.

Con estos apuntes anotados en nuestra libreta comenzamos ya nuestro viaje. Nuestra primera parada es Alpedrete, concretamente su estación, llamada Mataespesa-Alpedrete. Fue construida tras la Guerra Civil siguiendo el modelo de las estaciones y apeaderos ya existentes en la línea Villalba-Segovia, siendo un edificio de una gran belleza gracias a sus techos de madera y tejados de pizarra que la dan un aire alpino. En ella tuvo su domicilio, al igual que en otros cosos el Factor o Jefe de la Estación quien debió contemplar verano tras verano cómo de los trenes que llagaban desde Madrid bajaban cientos de personas atraídas por las bondades del afamado aire de la Sierra de Guadarrama.

La siguiente estación es la de Collado Mediano. De una factura diferente a la de Alpedrete, y que conserva no obstante la estructura de las viejas estaciones ferroviarias cuyos ejemplos más claros podremos ver en la vertiente segoviana de nuestro itinerario. Se trata de una estación antigua, levantada a finales del siglo XIX y que aún conserva en sus inmediaciones viejos almacenes y andenes preparados para la carga y descarga de diferentes mercancías.

ESTACIÓN DE TABLADA
ESTACIÓN DE TABLADA

Montamos de nuevo en el tren que tras atravesar el valle de Jarahonda y varios túneles llega hasta Los Molinos. Sorprende la esbeltez de esta construcción que de nuevo respira ese aire alpino que vimos en Alpedrete, y que forma parte de un reducido grupo de estaciones que podríamos clasificar por sus características como de Alta Montaña. Actualmente inmersa en un proceso de necesaria rehabilitación mantiene una segunda planta destinada a viviendas bajo la que se encuentra un vestíbulo para los viajeros, una cantina y una oficina que durante años ocupó el Jefe de Estación. Junto a ella existe otra construcción de ladrillo visto que fue el original apeadero construido en 1888.

ESTACIÓN DE EL ESPINAR
ESTACIÓN DE EL ESPINAR

Retomamos el viaje. La siguiente estación es la de Cercedilla, sin duda la más importante de todo el recorrido por su historia y la importancia de la construcción con la que nos topamos. Inaugurada en 1923, junto con el tramo Cercedilla-Puerto de Navacerrada, es el eje de comunicaciones entre Madrid y Segovia. Sus muros son de mampostería reforzados con ladrillos en las esquinas y los recercados de los huecos, estando rematada la estación por una cubierta de teja cerámica plana. Todas estas características, unida a su inconfundible estampa, la han hecho merecedora de incluirse dentro del Catálogo de Bienes Protegidos de la Comunidad de Madrid. En las inmediaciones encontramos viejos edificios pertenecientes a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, así como casas de veraneo del estilo que apuntamos al comienzo de estas notas de viaje.

Aún no hemos terminado de anotar en nuestra libreta las particularidades de la estación cuando el tren comienza a encaramarse a la falta de las montañas, realizando un suave pero continuo ascenso hasta la estación de La Tablada, última antes de pasar a la provincia de Segovia. De enorme parecido constructivo con respecto a su vecina de Cercedilla data de principios del siglo XX y cuya construcción supuso la creación de un acceso a las instalaciones médico-sanitarias que se estaban desarrollando en aquella zona durante la época, entre las que se encontraban varios sanatorios y manantiales. En la misma fecha se construyeron la mayoría de las instalaciones con las que cuenta la estación; la subestación eléctrica, las viviendas para agentes de la subestación, así como la casa para guarda-agujas.

Camino de Segovia Tras pasar el túnel que atraviesa las entrañas del Puerto del León llegamos a San Rafael, pedanía perteneciente al pueblo segoviano de El Espinar. La estación de San Rafael fue construida en 1904 tras las presiones y demandas ejercidas por veraneantes y la propia población de la localidad. Se encuentra en un altozano, al pie del monte denominado de Cabeza Reina, desde donde se tienen unas magníficas vistas de los pinares que cubren esta vertiente de los montes de la Sierra de Guadarrama.

NAVAS DE RIOFRÍO - LA LOSA
NAVAS DE RIOFRÍO – LA LOSA

A pocos minutos de viaje llegamos a la estación de El Espinar, que da nombre al barrio que ha ido creciendo a su alrededor y que forma otro de los núcleos de población dentro del término municipal de El Espinar. Remodelada en diferentes ocasiones es hoy un edificio de dos plantas de fachadas encaladas junto a la que descansa una bomba con más de cien años de historia. Dentro del edificio se encuentra un pequeño museo que alberga diferentes objetos relacionados con el mundo del tren. Junto a la estación también se encuentra la llamada Torre de la Cigüeña, que forma parte de los restos del antiguo aserradero construido en 1901, uno de los dos que llegaron a levantarse en las inmediaciones y que aprovecharon la llegada del tren para exportar la madera sacada de los bosques cercanos.

OTERO - HERREROS
OTERO – HERREROS

Dos paradas más cerrarán nuestro paseo por las estaciones de tren de la Sierra de Guadarrama; son las de Otero de Herreros y la de la Navas de Riofrío-La Losa. Sus trazas son muy similares siendo construidas en el momento en el que la vía férrea atravesó ambos municipios. Uno de sus mayores atractivos, además de ser edificios históricos de gran valor, es el emplazamiento que ocupan, enmarcándose en el piedemonte de la Sierra de Guadarrama segoviana, un paisaje de gran belleza poco conocido en la cara madrileña de esta comarca.

ANTONIO MACHADO
ANTONIO MACHADO

Por estas estaciones y apeaderos pasaron personajes tan importantes como el gran poeta Antonio Machado, que vivió una temporada en Segovia, pero también lo hicieron otros muchos de vidas anónimas que esperaron tras sus paredes la llegada del tren o la ansiada visita de familiares y personas queridas. Estos momentos no han dejado marca en la Historia, pero sí que aún pueden respirarse en muchos de los rincones añejos de estos edificios.


Texto: Jonathan Gil Muñoz- Director de elguadarramista.com

Documentación Gráfica: Jonathan Gil Muñoz. Marisa Ortega.

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