SIGUIENDO EL SENDERO: LOS TEJOS MILENARIOS DEL BARONDILLO por Francisco Nieto

 

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Son los tejos (Taxus) un género de árbol conífero de la familia Taxaceae, con tendencia a buscar terrenos calizos en zonas montañosas, con ambientes frescos y húmedos, por ello no es muy común verlos en planicies y mucho menos en ambientes urbanos. Llegan a alcanzar 20 metros de altura, aunque con frecuencia se desarrolla de manera desigual. El tronco es grueso y con una corteza delgada de tiras pequeñas de color pardo rojizo o grisáceo, alcanzando diámetros de 1,5 metros, su copa es piramidal con abundantes ramas que salen del tronco en sentido horizontal.

Son muy longevos, pudiendo superar los 1.500 años de vida. Su madera es muy dura, de grano fino y apretado, lo que la hace muy apta para ebanistería y talla, aunque la escasez de piezas de suficiente grosor, debido a su crecimiento muy lento, limita su uso. Durante la Edad Media fue muy utilizado en las Islas Británicas para la elaboración del arco largo, utilizado en las guerras, por su resistencia y flexibilidad, hecho que produjo su casi extinción en ese ámbito geográfico.

Los pueblos celtas veneraban al tejo dado que formaba parte de algunos de sus rituales al ser considerado un árbol sagrado, probablemente debido a la extraordinaria longevidad de la planta, que la hace parecer inmortal. Su longevidad, a la par que su follaje perenne, hacían de él un símbolo de vida eterna que cuadraba a la perfección en los camposantos; y así fue costumbre el plantarlo a la vera de los grandes monumentos e iglesias, para que hubiera un testigo vivo de tanta gloria pasajera.

A la sombra de los tejos, dicen que no hay mosquitos, por el carácter venenoso de sus hojas.

En Madrid, los tejos han sido declarados especie protegida y se encuentran, no sin dificultad, diseminados por los barrancos umbríos y vaguadas de Somosierra, Montejo, Miraflores, Pedriza, Canencia y valle de la Fuenfría. Raramente forman bosquetes, siendo lo común encontrar a los ejemplares aislados.

Pero quizá el único grupo que merece el nombre de tejeda es éste que jalona el curso del arroyo Barondillo o Valhondillo, en la ladera nororiental de Cabezas de Hierro, cerca de las primeras fuentes del Lozoya, que aquí se llama aún Angostura

La ruta

El Paular
El Paular

Iniciaremos el camino para visitar la mejor tejeda de Madrid en el área recreativa de la Isla, a unos siete kilómetros de Rascafría, en el kilómetro 31,7 de la margen izquierda de la carretera M-604, que sube hacia el Puerto de Cotos. Enfrente de la Casa de la Horca, que recuerda aquel Lozoya medieval por el que subían los condenados que no habían obtenido clemencia en el puente del Perdón, ante el monasterio de El Paular.

A nuestra izquierda nos acompaña el alegre murmullo juguetón del arroyo de la Angostura, que es como se llama el Lozoya cuando apenas es un recién nacido, arropados por la sombra del bosque de ribera entre álamos, fresnos, robles y pinos silvestres, que junto con la humedad del agua hace que sea especialmente fresca, incluso en los meses de estío.

El arroyo de La Angostura se nutre de las aguas procedentes de las cuencas del cercano puerto de Cotos y Cabezas de Hierro, con los caudales de los arroyos de las Guarramillas, que aflora en la ladera septentrional de la Bola del Mundo, y de las Cerradillas, que rebosa de las orondas tetas de Cabezas de Hierro. Estas corrientes, tras recibir por su margen izquierda al arroyo procedente de la Laguna Grande de Peñalara, pasan a constituir el arroyo de La Angostura el cual, a su vez, recibirá a los arroyos del Aguilón y de la Umbría. Es a partir de esta última confluencia, ya cerca de las tapias del monasterio de El Paular, cuando el arroyo de la Angostura pasa definitivamente a conocerse como río Lozoya.

Presa del Pradillo
Presa del Pradillo

A unos 300 metros del comienzo, un imponente estruendo nos alerta de que nos acercamos a la primera sorpresa de esta ruta, la presa del Pradillo. Una cascada espectacular que derrama las aguas del arroyo de la Angostura. La parada para disfrutar del contraste de las turbulentas aguas de la cascada en oposición con las tranquilas aguas del embalse, es inevitable. Esta presa, hoy abandonada, alimentaba la antigua fábrica de luz, que suministraba la electricidad a los pueblos del Valle, a través de un canal que veremos a la vuelta por el margen derecho del arroyo.

Continuamos por la senda que bordea las apacibles aguas en las que se reflejan las nubes y los pinos de la otra orilla, proporcionando unas inmejorables imágenes y una impagable sensación de paz.

Al poco, pasamos junto a una caseta de aforos que controla el agua del embalse que da suministro a Rascafría, a partir de aquí, la senda se estrecha y gana altura, separándose ligeramente del arroyo hasta dar con el Camino de las Vueltas, una pista que sin pérdida, nos acerca al puente de la Angostura, nueva sorpresa de la ruta.

Puente de la Angostura
Puente de la Angostura

El Puente de la Angostura, esta acoplado en una estrechez berroqueña por la que fluye el agua del arroyo al que le da nombre. entre abedules barbudos y una maraña de brezos y rosales silvestres. Ordenado construir por Felipe V, para conseguir llegar en coche de La Granja al Monasterio de El Paular, se sustenta en un arco de seis metros de luz, de mampostería sin labrar. Ahora duerme en un camino olvidado por reyes, pero felizmente recuperado para los senderistas amantes de la naturaleza, creando uno de los lugares más románticos de la Sierra.

A la derecha del puente se abre una gran pradera, que no nos resistiremos visitar, porque, al fondo de la misma, el río se remansa y ofrece una estupenda poza donde es posible el baño para los amantes de aguas gélidas, a sólo 3 km del aparcamiento, pero suficientes para continuar siendo aún una desconocida de la muchedumbre.
Regresamos a la pradera para retomar la senda a la altura del puente de la Angostura, continuando a mano izquierda ascendiendo en zigzag por la espléndido bosque de pino albar, explotado con criterios de desarrollo sostenido, desde 1855, por la Sociedad Belga de los Pinares de El Paular.

Hacia el kilómetro 4 de la marcha, a nuestra izquierda podemos contemplar el primer tejo visible del recorrido, cerca del cruce con el Arroyo Valhondillo, y a continuación dos veces el Arroyo del Paraje. Es en el kilómetro 5, volveremos a cruzar por otro puente el Arroyo Valhondillo, junto a un depósito de agua que hace las veces de fuente, buen lugar para tomarse un respiro y reponer fuerzas.

Puente sobre el arroyo de la Angostura en la Isla
Puente sobre el arroyo de la Angostura en la Isla

Seguro que más animados, continuaremos el ascenso por la pista que atraviesa esta zona, conocida como el Raso del Baile, en dirección Noroeste, hasta que en el Km 6,4 del inicio, la dejaremos para tomar la que sale a la izquierda en dirección Este. En sus márgenes se pueden contemplar imponentes pinos de gran altura y porte, la presencia de un retorcido pino anuncia que estamos cerca de los tejos, mientras avanzamos ahora en dirección Suroeste.

A los 7,5 Km, la pista se extingue a la vera del arroyo Valhondillo, frente a los tejos Milenarios que desde aquí pasan desapercibidos, pero que a poco que nos fijemos, damos con ellos. Para llegar a ellos, basta cruzar el arroyo y poder así admirar ejemplares tan soberbios como el Tejo de la Roca, retorciéndose como una columna barroca entre los canchos de su base, o como el anciano tejo, conocido como El Abuelo, que cien metros aguas abajo, ambos señalizados como Árboles Singulares por la Comunidad de Madrid. Y que parece estar a punto de expirar por su tronco hueco de diez metros de circunferencia y de edad incalculable, pero que se estima entre 1500 a 1800 años, considerado por algunos especialistas el árbol más viejo de España, todo un tesoro a pocos kilómetros de Madrid.

El aumento de visitantes que se acercan a admirar el tejo puede provocar daños en su área de desarrollo que es muy delicada, por eso se ha construido una pequeña valla que delimita su área de crecimiento.

El tejo tiene un tronco hueco de unos 3 metros de diámetro, goza de buena salud y se le han realizado sucesivas podas de ramas enfermas. Tiene una altura de 8 metros, una copa de 15 metros de anchura y 9,10 metros de perímetro de tronco. Su ubicación en la cara norte de la montaña, en un denso bosque de pino silvestre y en una zona bastante recóndita son factores que han beneficiado su extraordinaria longevidad. Este árbol es el más viejo de un conjunto de tejos milenarios y centenarios de gran porte que se distribuyen en su entorno cercano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATras la contemplación de tan enigmáticos ejemplares (no perderse el tejo que más arriba, a la derecha del Abuelo, muestra sus raíces entremarañadas y retorcidas como ovillo de lana), desandamos el camino, remontando un poco el arroyo Valhondillo para poder volver a cruzarlo y descender por la pista por la que habíamos llegado, hasta alcanzar la más ancha por la ascendimos, para tomarla a la izquierda, en dirección Oeste.

Continuaremos durante 2,6 km un tranquilo y largo paseo por la amplia pista, con un par de subiditas y unas esplendidas vistas del macizo de Peñalara, cruzando, en este orden, el arroyo de la Majada del Espino, un arroyuelo, y el arroyo del Hierro, tras el cual alcanzamos enseguida el arroyo de Peña Mala. Junto a este arroyo podemos parar a comer y retomar fuerzas, prosiguiendo por la pista que sale a nuestra derecha, a escasos metros del arroyo, en continuo descenso escuchando el discurrir del arroyo Peña Mala a nuestra izquierda y el de Hierro a nuestra derecha. La pista está casi invadida de pequeños pinos que suponemos se utilizan en las reforestaciones.

Al cabo de unos 2 kilómetros la pista alcanza el Camino de la Vueltas, que deberemos seguir a la derecha, con el arroyo de la Angostura a nuestra izquierda. Al cabo de un kilómetro pasamos el arroyo Majada del Espino, y al poco de uno más, alcanzaremos la poza de la Angostura, que visitamos a la ida y donde bien seguro desearemos refrescarnos, si la estación y el tiempo lo permite.

Continuamos hacia el puente de la Angostura, que esta vez no cruzamos, prosiguiendo por la senda que sale a nuestra izquierda, que seguimos entre pinos, acebos y helechos.

Al cruzar el arroyo Valhondillo por un puente de madera y otros dos, un poco después, nos acercaremos al arroyo de la Angostura, y a continuación al embalse del Pradillo, visto por su margen derecha, para enseguida llegar de nuevo a la Isla, tras cruzar el arroyo de la Angostura por el puente, accederemos así de nuevo al aparcamiento de la Isla, principio y fin de esta preciosa y recomendable ruta.

5.- Código QR - Los tejos milenarios del BarondilloFicha técnica

Inicio: La Isla. Rascafría. Final: La Isla. Rascafría. Tiempo: 4 a 5 horas. Distancia: 17,5 Km. Desnivel [+]: 572 m. Desnivel [–]: 572 m. Tipo: Circular

Dificultad: Baja. Pozas y agua: Sí. Ciclable: Sí . Apta para niños: Sí – Época recomendada: Cualquiera


Texto: Francisco Nieto

Documentación Gráfica: Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio 

Ilustración: Javier Garrobo: Escuela de Arte Collado Mediano

Enlace para obtener información adicional y los track para seguir la ruta con GPS

Creative Commons.


 

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