RUTA: LOS BAÑOS DE VENUS DE VALSAÍN, por Francisco Nieto

La ruta que proponemos en esta ocasión recorre en su totalidad las llamadas Pesquerías Reales, sendero que fue mandado construir por Carlos III. El monarca conocía bien la proverbial abundancia piscícola del río segoviano cercano a su residencia de verano, de manera que cuando apretaba el calor en la capital del reino marchaba a los Montes de Valsaín gastando mucho de su tiempo estival en su afición piscívora.

Carlos III

Es bien sabido que el monarca modernizó la enseñanza, acometió una reforma agraria para conseguir una distribución más equitativa de la tierra. Elaboró un proyecto de repoblación de las zonas deshabitadas. Reorganizó el ejército, al que dotó de unas Ordenanzas en 1768 destinadas a perdurar hasta el siglo XX. Impulsó el comercio y la industria. Acometió un plan de caminos reales de carácter radial, con origen en Madrid y destino a Valencia, Andalucía, Cataluña y Galicia, construyendo más caminos que nadie desde tiempos de los romanos.

Hizo de Madrid una auténtica capital, dotándola de grandes avenidas, monumentos como la Fuente de Cibeles, la de Neptuno, la Puerta de Alcalá, la fuente de la Alcachofa, la construcción del jardín botánico, el hospital de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía), el edificio del Museo del Prado (destinado originalmente a Museo de Historia Natural).

Fuente de la alcachofa
Fuente de la alcachofa

Y sin embargo, no era tan conocida como su faceta urbanista, la de hombre amante de la naturaleza, la caza y la pesca, a tal punto que sentíase triste y melancólico cuando llevaba dos o tres días sin salir al campo. Tanto que en 1761 compró a los segovianos el bosque de Valsaín para disfrutar en exclusiva de la pesca en el Eresma. Y dándose además el capricho de hacer, entre los años 1767 y 1769, este camino enlosado, de unos ocho kilómetros de longitud, sólo para subir sin estorbo con su caña por la orilla del Eresma, en busca de las bravas truchas, desde La Granja hasta la cabecera del río, a través de los robledos, praderas y pinares de Valsaín. Para ello, entre hizo allanar en forma de aceras las tortuosas y quebradas orillas con escalones de piedra y de césped cuando el terreno lo exigía.

Los años de abandono posteriores le dieron un aire de ruina agreste muy acorde con el romántico siglo XIX, con recónditos parajes en los que aún se conserva su aspecto salvaje, al estilo de los parques ingleses dieciochescos, como es el caso del entorno de la poza que visitaremos, conocida con el sugerente nombre de Baños de Venus, que da nombre a esta excursión.

LA RUTA

En busca de los restos de este ilustre camino seguiremos la excursión 196 del GMSMA, denominada “Los Baños de Venus de Valsaín”. El track, mapas y fotografías de la ruta pueden consultarse en el blog del GMSMA, cuyo enlace aparece al final del texto.

Comenzamos la ruta en el aparcamiento que hay junto a la carretera de La Granja a Segovia, nada más pasar el puente sobre el embalse del Pontón Alto. Dirigimos nuestros primeros pasos hacia una puerta metálica que franqueamos para internarnos en el bosque que bordea parte de este hermoso represamiento del Eresma, el segundo desde su nacimiento por la confluencia de varios arroyos que bajan de las laderas de Peñalara, Siete Picos y Montón de Trigo, entre otros.

En las mansas aguas del embalse se reflejan los robles melojos y las más altas cumbres de la Sierra del Guadarrama. De su orilla surge un sendero bien marcado que culebrea por la orilla hasta donde vierte al embalse sus aguas el río Eresma, al que vamos a seguir en lo sucesivo aguas arriba, llevándolo siempre cerca y a mano izquierda. El entorno es de una frondosidad apabullante, con gran variedad de flora compuesta de chopos blancos, pinos de Valsaín, fresnos y robles melojos.

En este punto, un historiado mojón recuerda a los caminantes la historia de estas pesquerías. El camino emprende su largo recorrido, prácticamente horizontal y pegado sobre las aguas.

Solo hay que caminar un poco junto al río para enseguida descubrir los primeros vestigios del camino regio, con solo fijarse en el lecho del río, descubriremos una docena de grandes bloques de granito colocados en fila, a modo de pasadera, que da nombre al cercano y más moderno puente de la Pasadera, que no cruzaremos.

Embalse del Salto del Olvido

Se respira paz y sosiego, sólo roto por el relajante murmullo del agua y el canto de los pájaros. El sol se colaba por las copas de los pinos formando agradables claros oscuros reflejados en el agua. Haciendo que el agua pareciera de plata.

Puente del Anzolero sobre el río Eresma

Un poco más arriba, la obra carolina se hace aún más patente, al encontrar losas, peldaños, refuerzos, muros de contención… Todo ello, en una angostura salpicada de peñascos, cascadas, pozas, helechos y madreselvas. Sigue un hermoso tramo que concluye en el segundo puente del camino, cuyo nombre nos evoca un oficio que en tiempos de Carlos III debió tener notable importancia: puente del Anzolero. Unos metros antes y en una peña plana en el suelo se conserva grabada en la roca una corona real y la inscripción “Año de 1768”.

Pasamos bajo uno de los ojos del puente y continuamos junto a un trecho donde se localizan los tramos empedrados mejor conservados, que nos conducen a una gran rampa de hormigón, que permite remontar a las truchas el muro del viejo salto hidroeléctrico del Olvido, en el que unos trabajados escalones nos permiten salvar la pendiente de esta presa que abastece al citado salto.

Proseguimos entre jaras y retamas el camino, que se separa de la orilla al tiempo que pasa bajo algunos robles de gran porte. Un segundo mojón cuenta la historia de la Casa Real del Bosque, el llamado también Palacio de Valsaín fue construido en el siglo XVI por Carlos V sobre el viejo pabellón de caza de Enrique III y que concluyó con el devastador incendio de 1686, fecha desde la que continúa en ruinas. En este lugar nació el 12 de agosto de 1566 Isabel Clara Eugenia, fruto del matrimonio de Felipe II con Isabel de Valois, que más tarde recibiría de su padre la soberanía de los Países Bajos donde reinó hasta su fallecimiento. También en 1570 se realizaron en él los festejos de las nupcias de Felipe II con Ana de Austria que se llevaron a cabo en el cercano Alcázar de Segovia.

Puente de los Canales

Al adentrarnos de nuevo en el pinar y pasar junto a un bonito y ruidoso salto de agua, nos deleitaremos con una de las curiosidades del trayecto: un original acueducto llamado puente de los Canales, de estilizada figura con un único arco y que recuerda irremediablemente al Acueducto de Segovia, por sus veintisiete pilares de granito desgastado. Fue mandado construir por Carlos I para abastecer de agua, que tomaba del arroyo de Peñalara, al palacio de Valsaín. El escudo real de la clave del arco certifica dicho uso. Ha sido restaurado y hoy en día todavía está en funcionamiento.

Cruzamos el puente de Peñalara y continuamos remontando el río, siempre en dirección sur, ahora por su margen izquierda que ya no abandonaremos, con restos cada vez más dispersos del viejo camino y, en la orilla de enfrente, las multitudinarias áreas recreativas de los Asientos y después de pasar junto al puente de Navalacarreta y superar una prolongada escalinata en piedra, la aún más famosa de La Boca del Asno, llamada así por el aspecto de la estrecha garganta granítica, que recuerda al interior de la boca de ese animal y donde transitoriamente se rompe la calma, al concentrarse en ella la mayor parte de los visitantes de esta parte de la Sierra del Guadarrama.

A partir de aquí, el camino desciende aguas arriba y continúa su viaje, dejando atrás el bullicio. Por la parte más bonita del camino, encajonado entre rocas y los bosques de Valsaín el camino llega al puente de los Vadillos, que proporciona un aire romántico a esta parte del recorrido, y algo después a la conjunción de los arroyos del cerro Minguete y del puerto del Paular, donde nace el Eresma.

Y al poco, por la derecha, nos encontramos con el arroyo del Telégrafo, por el que proseguimos, alcanzando a los pocos metros nuestro principal objetivo, los Baños de Venus, el topónimo que Carlos III y sus acompañantes, por las orillas del río, asignaron a una de las pozas más hermosas y con más encanto del Valle del Eresma. A la sombra de unas grandes rocas, y junto a una fuentecilla, en los meses veraniegos es de obligado cumplimento hacer honores a su nombre y darse un refrescante baño, que compensará con creces el esfuerzo de haber recorrido más de 12 km para conocerla.

El regreso lo realizaremos regresando sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al área recreativa de Boca del Asno, donde si se ha sido precavido se habrá dejado un coche que facilite dar por finalizada esta ruta de15 km largos, y si no, quedarían otros 9 km hasta acercarnos de nuevo al Pontón Alto donde iniciamos esta bonita excursión por el salvaje Eresma que ilustró, para su placer y el nuestro, Carlos III.

Palacio de Valsaín

FICHA TÉCNICA

Inicio: Embalse del Pontón Alto. Granja de San IldefonsoCódigo QR

Final: Boca del Asno. Valsaín

Tiempo: 5 a 6 horas

Distancia: 15,7 km

Desnivel [+]: 267 m

Desnivel [–]: 127 m

Tipo: Solo ida

Dificultad: Baja

Pozas y agua:

Ciclable:

Apta para niños:

Época recomendada: Preferible en verano o cualquier época, evitando temporadas de mucha nieve.

Ruta: 196 del GMSMA

Enlace de esta ruta al blog del Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio (GMSMA), donde se podrá obtener información adicional y los track para seguir la ruta con GPS:


Texto: Francisco Nieto – fpaconi@hotmail.com

Documentación Gráfica: Francisco Nieto – Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio

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