RUTA: LAS MILANERAS DE LA PEDRIZA, por Francisco Nieto

Los bandidos de la Pedriza. En el siglo XIX, la Pedriza, junto con otros riscos de la Sierra de Guadarrama, eran lugares a los que solo se atrevían a entrar algunos pastores y bandidos. Su complicada orografía facilitaba el escondrijo de los amantes de lo ajeno, dedicados al asalto de las diligencias que hacían la ruta entre Madrid y Galicia, cuando no, secuestrado a gente adinerada, que se llevaban a sus guaridas en espera del rescate.

Hasta nuestros días han llegado historias y leyendas que se encargaban de fijar sus nombres, para bien o para mal, en la memoria colectiva. Así, no han caído en el olvido bandidos como Juan Plaza, merodeador de los cerros de Cueva Valiente; Pablo Santos, bandolero de Manzanares el Real; Isidro ‘El de Torrelodones’, del mismo oficio, que fulminó de un trabucazo al antedicho en la cerca de los Huertos; Paco ‘El Sastre’ y Mariano Balseiro, secuaces de Luis Candelas, que entre otras fechorías, raptaron a los hijos del Marqués de Gaviria, y por último, ‘El Tuerto de Pirón’, que tenía atemorizado todo el Valle del Lozoya.

Una de estas leyendas cuenta que un pastor criado en La Pedriza llamado Mierlo se encontró con una señorita que vagaba por el lugar, que según le relata, había sido secuestrada por un bandolero llamado Barrasa. Un día el jefe de la banda tuvo que bajar a Manzanares a solucionar unos asuntos. Entonces, dos de los lugartenientes de la banda, a cuyo cargo había dejado a la chica, intentaron abusar de ella pero, ambos se enzarzaron en una discusión en la que uno de ellos murió estrangulado por el otro.

Al regresar, el jefe de la banda se enteró del suceso e hizo arrojar el cuerpo por el Cancho de los Muertos, tras lo que dictó sentencia de muerte al otro por haberle desobedecido. Cuando estaban en el precipicio, antes de caer, éste logró agarrarse a la pierna de su jefe con lo que cayeron ambos al vacío. El resto de la banda se asustó por lo sucedido y abandonaron a la mujer en La Pedriza, la joven fue felizmente llevada con sus padres por el bondadoso pastor.

Más tarde, el Mierlo, acabó asesinado por estos bandoleros en el collado de Valdehalcones, donde una cruz de rocas señala el lugar. De cómo llegar a este collado dimos cuenta en la ruta descrita en el mes de abril de este año en esta revista.

Es conocido, que junto al risco denominado El Indio, en la Pedriza más cercana a Manzanares el Real, el Tranco, se halla un alcornoque llamado del Bandolero, porque lo utilizaba Pablo Santos como cobijo y escondite de los botines que conseguía de sus robos.

Otra leyenda dice que en algún lugar de la Pedriza está escondido un tesoro de los más conocidos y temidos bandoleros de este laberinto que conformaba su refugio y base desde la que organizar sus asaltos. Y cuentan que, a finales del siglo XIX, las autoridades decidieron acabar con los bandoleros que actuaban desde aquí.

Una de las bandas que dominaba en esta zona fue la de Paco el Sastre, cuyo verdadero nombre era Francisco de Villena. Tras localizar las autoridades su escondite en los riscos de la Pedriza, comenzó una persecución que obligó a huir a los bandoleros, cargando sus mulas con el botín de sus robos. Tras alcanzar el Collado de la Dehesilla, quisieron descender hacia Chozas de la Sierra (Soto del Real), pero viendo que les habían cortado el paso, huyeron hacia el Hueco de San Blas.

Su intención era cruzar la Cuerda Larga y descender hacia valle del Lozoya. Al alcanzar el valle de Hoyocerrado, y debido a que la carga que llevaban era muy pesada, no tuvieron más remedio que esconder gran parte del botín entre las rocas. De este modo, consiguieron dejar atrás a sus perseguidores, pero nunca se supo si volvieron a recuperar el botín, ya que la mayoría fueron apresados nada más llegar al valle del Lozoya.

Así es que puede que algún día, recorriendo estos parajes, encontremos el tesoro escondido, que debe estar bien oculto porque, que se sepa, nadie ha dado con él.

La ruta

Para acercarnos a realizar una de las rutas más interesantes de La Pedriza, con vistas al mencionado Cancho de los Muertos de nuestra leyenda, y de paso intentar si encontrar el tesoro, seguiremos la excursión 85 del GMSMA. El track, crónica y fotografías de la ruta pueden consultarse en el blog del GMSMA, cuyo enlace aparece al final del texto.

Iniciamos nuestra aventura en el aparcamiento de Canto Cochino, tras haber tomado café en la plaza de Manzanares el Real. Nos esperaba la que sería la ruta más “exigente” de las hasta entonces habíamos realizado. Serían unas siete horas de incesante subida, en muchos tramos sorteando escarpadas piedras, y una bajada de gran pendiente, por lo que fue calificada además de exigente, de dura, rompepiernas, rompe rodillas, pero a la vez, de sobrecogedora, espectacular, fantástica…y otros muchos adjetivos.

Y es que la cuerda de las Milaneras, es una cresta erizada de picachos que constituye el ramal occidental del circo de la Pedriza Posterior, que a su vez es el sector más elevado del macizo y el más alejado de Manzanares el Real.

Para recorrer el primer tramo de esta ruta, cruzamos el río Manzanares por el puente de madera que hay junto a Canto Cochino, giramos a la izquierda, siguiendo las señales blancas y amarillas del PR-M1 actual, ya que el antiguo iba mucho más directo, monte arriba, al Cancho de los Muertos (uno de los escenarios de nuestras leyendas), hasta llegar al Collado del Cabrón, que como era de esperar rememora emplazamientos pastoriles de antaño.

Hasta el collado, habremos recorrido unos 3 Km entre esbeltos pinos resineros y silvestres que aquí se plantaron a destajo a mediados del siglo XX, pringosas jaras y grandes rocas erosionadas, todo ello en armónica mezcla. Al comienzo, la senda se dirige en dirección noreste, como si fuese directa a Cabezas de Hierro, cuyas señoriales siluetas nos sirven de faro, a nuestra derecha podremos contemplar el Cáliz, una singular roca en forma de copa. A mitad del recorrido, la senda, tras un par de cerradas revueltas, gira en dirección noreste y, poco antes de alcanzar por fin el Collado del Cabrón, volveremos a zigzaguear en media docena de ocasiones.

El Collado del Cabrón (1304 m), es una encrucijada de caminos que lo cruzan de oeste a este y de norte a sur, nosotros para acometer el segundo tramo de la ruta, tras un breve descanso, seguiremos por el más occidental hacia el norte, sin abandonar el PR-M1 que traíamos.

Cancho de los Muertos

Cuerda Larga

Conforme avanzamos, la senda va adquiriendo mayor pendiente, a la vez que aumenta el número de grandes moles con caprichosas formas, entre pinares y vegetación intensa. Cuanto más ascendemos, más disfrutamos de bonitas vistas de la Cuerda Larga y el valle del río Manzanares. Mirando atrás podemos contemplar las espectaculares vistas al sur de Peña Horcajo, el característico Cáliz y El Cancho de los Muertos, y a nuestra izquierda, la inconfundible silueta de la Maliciosa.

Entre pinos y rocas nos vamos abriendo paso. La profusa vegetación añade un poco de dificultad a la subida, abundan las carrascas, las jaras y el piorno. Estamos llegando a las proximidades del roquedo donde se encuentra El Pajarito (1504 m), La Vela, El Castillete o Galisol (1534 m) y La Campana (1569 m), pasaremos por un empinado gollizo que se abre entre estos míticos riscos. Y a partir de aquí se acabó lo bueno, dejamos de ser senderistas para convertirnos en pequeños escaladores.

Callejón de El Pajarito

Nada más coronar el estrecho callejón del Pajarito, se abre ante nuestros ojos el Jardín de la Campana, una especie de patio, rodeado de bloques de granito, entre pinos jóvenes que está a 1500 metros. El sitio tiene mucha magia, ideal para descansar y reponer fuerzas, con unas vistas increíbles, al fondo asoma el Embalse de Santillana y, a lo lejos, se adivina Madrid.

Y tras el breve descanso, nuevamente nos ponemos en marcha para recorrer el tercer tramo, nos espera el Collado de la Romera (1576 m), Collado Tres Cestos (1770 m), y cuerda de las Milaneras hasta el Collado del Miradero (1882 m), unos 3 Km de distancia y unos 400 metros de desnivel, que sin duda no se olvidarán nunca.

Y es que, a continuación la senda, que sigue siendo el PR-M1, comienza a empinarse endiabladamente, obligando, en numerosas ocasiones a trepar por llambrias y quebradas, entre rocas de sugerentes formas: El Perro, La Tortuga, el Carro del Diablo, La Diligencia, así hasta alcanzar el Collado de la Romera, donde conviene darse una tregua antes de enfrentarnos a la Cuerda de las Milaneras, la parte más complicada de este tramo.

Puestos de nuevo en marcha, continuamos dando un rodeo por el pinar de la derecha del collado, para atacar por el sur las Milaneras y plantarnos, tras ardua trepa, ante el monolito de Tres Cestos, ya en plena cuerda, con impresionantes vistas, destacando Cancho Centeno, peñasco de resonancias pastoriles, al cobijo del cual se instalaban los viejos cabreros con su perro, y donde crecía silvestre este cereal.

Y, por último, cambiaremos de vertiente por la Portilla de Tres Cestos para, en suave ascenso, ganar el collado del Miradero, entre el Cancho Centeno (1917 m) y las soberbias Torres (2029 m), punto éste en el que entronca la Pedriza con Cuerda Larga a través del Alto de Matasanos, y en el que -como su nombre promete- se goza de una vista de escándalo.

La Pedriza desde este collado es impresionante, así como la sensación de silencio y soledad. A nuestra izquierda y más arriba, las Torres de la Pedriza es lo más inmediato y más allá vemos la cuerda que continua hasta el Collado de la Ventana. Abajo, los riscos de los Pinganillos. Al fondo el Centinela, el Collado de la Vistilla, la Maza y el Yelmo que nos enseña su cara Norte, y en lontananza, se puede divisar Madrid.

Tras extasiarnos con las vistas y reponer fuerzas, iniciamos el regreso, cuarto tramo de la ruta, de unos 6 Km, consolados por la idea de que ya todo será en bajada, y la haremos cambiando de PR, pues seguiremos el PR-M2, que se precipita en dirección sur por la vaguada del Arroyo de Prao Poyo, en continuo descenso, zigzagueando hasta alcanzar la confluencia con el arroyo de la Majadilla, tras dejar atrás Los Llanos y Cuatro Caminos.

Siguiendo la archiconocida Autopista, llegamos, en placido paseo hasta Canto Cochino, punto de inicio y final de esta espectacular ruta, cargada de emociones y de historia, que nos ha hecho rememorar la dura vida de los cabreros y la desdichada de los bandoleros, primeros caminantes y descubridores de los rincones secretos que hemos recorrido de esta siempre sorprendente Pedriza.

Ficha técnica

Inicio: Canto Cochino, La pedriza.

Final: Canto Cochino, La pedriza

Tiempo: 6 a 7 horas

Distancia: 14 km

Desnivel [+]: 981 m

Desnivel [–]: 981 m

Tipo: Circular
Dificultad: Alta

Pozas y agua:

Ciclable: No
Apta para niños: No

Época recomendada: Primavera y otoño

Ruta: 85 del GMSMA


Texto: Francisco Nieto – fpaconi@hotmail.com

Documentación Gráfica: Francisco Nieto.

Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio – bgmsma.blogspot.com


 

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