RUTA: LAS MACHOTAS Y LA HERRERÍA, por Francisco Nieto

Ilustración de Javier Garrobo

Según la leyenda, durante la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial que se alargaron cerca de 21 años, un misterioso perro negro aterrorizaba a los obreros por las noches, obstaculizando las obras. Quizás el perro infernal protegía el lugar, pues se ha atribuido a El Escorial el ser una de las siete puertas del Infierno que se extienden por el mundo.

Felipe II convocó a una comisión de expertos para decidir el lugar más propicio para la construcción, en ella había filósofos, arquitectos, canteros experimentados y teólogos, quienes advirtieron al Monarca de las leyendas sobre la supuesta presencia del Diablo en una mina de profundas galerías que había en la zona.

El grupo de expertos fue asaltado por una tormenta con un fuerte viento, casi huracanado, que «no les dejaba llegar hasta el sitio, y arrancó las bardas de la pared de una viñuela que fueron directos hacia sus rostros». Un fenómeno que, interpretaba el fraile, era una respuesta de origen demoníaco con la intención de hacer desistir al Rey de que situara allí el monasterio y así mantener cerrada dicha puerta.

El hispanista René Taylor afirmó que el edificio tiene una geometría oculta sustentada por el cuadrado, el círculo y el triángulo. Si añadimos que Felipe II ordenó construir una estructura típicamente renacentista, según los criterios racionalistas de la época, pero basado en el mítico Templo de Salomón, del que se asegura que sus planos están diseñados directamente por Dios. La idea de sellar una puerta del Diablo inspirado en él, pudo pasar por la grandilocuente mente de Felipe II, quien plagó el templo de referencias al Rey Salomón y al Rey David, empezando por las dos enormes estatuas dedicadas a estos personajes bíblicos en la fachada principal de la basílica y bien sabido es que el monarca era un gran aficionado a temas ocultos y prohibidos, como se sabe por su biblioteca y por su galería pictórica personal. Finalmente el perro fue encontrado y se ordenó que se le ahorcase en una de las torres del monasterio, donde permaneció mucho tiempo.

Cuando Felipe II regresó definitivamente al Escorial para morir, desde su lecho de muerte (acompañado de multitud de reliquias de santos), siguió oyendo los ladridos de ese perro infernal, que ya había sido sacrificado hacía años.

La ruta

Para recorrer los cerros que mejores vistas tienen del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y algunos de los enclaves que gustaba visitar Felipe II, seguiremos la excursión 113 del GMSMA, denominada “Las Machotas y la Herrería”. El track, mapas y fotografías de la ruta pueden consultarse en el blog del GMSMA, cuyo enlace aparece al final del texto.

Ermita de la Virgen de Gracia

Iniciamos esta ruta en el aparcamiento que hay cerca del cruceiro que anuncia que la Ermita de la Virgen de Gracia en El Escorial, está cerca y a la que llegamos enseguida, disfrutando de un paisaje más otoñal que invernal. Seguiremos durante un largo trayecto el trazado del GR-10, que pasa por aquí en dirección a Zarzalejo.

En este lugar del bosque de la Herrería, a primeros de septiembre, se celebra la Romería de Nuestra Señora la Virgen de Gracia, una de las tradiciones más importante de San Lorenzo de El Escorial, declarada de interés turístico por la Comunidad de Madrid.

El paseo hasta la ermita es muy agradable y especialmente hermoso en primavera y otoño. En la dehesa predominan los fresnos, robles y melojos. Varias especies y ejemplares presentes en el bosque se encuentran en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, con algún grado de protección.

Desde la ermita, pronto abandonamos la carretera para tomar a la izquierda las marcas rojas y blancas del sendero GR-10, que en dirección sur se dirige a la Silla de Felipe II.

Por lo sombrío de la zona, abundan los líquenes, también los musgos, que aparecen en las rocas y cortezas de los árboles, favorecido por lo umbrío de la zona y la abundancia de precipitaciones.

En cuanto alcanzamos algo de altura, podemos contemplar una primera vista del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, solemne e imponente bajo el cerro de Abantos.

Su arquitectura marcó el paso del plateresco renacentista al clasicismo desornamentado. Obra ingente, de gran monumentalidad, es también un receptáculo de las demás artes. Sus pinturas, esculturas, cantorales, pergaminos, ornamentos litúrgicos y demás objetos suntuarios, sacros y áulicos hacen que El Escorial sea también un museo y una de las más singulares arquitecturas renacentistas de España y de Europa.

Piedra caballera

En poco más de 800 metros desde el inicio y superados unos cortos repechos entre el frondoso bosque, alcanzamos la piedra caballera, que de un lado, tiene el aspecto de una rapaz, pero que de frente tiene el aspecto de una cara feroz, a la que se le ha querido relacionar con el dios “Marte” de los celtas vetones que poblaron estas tierras antes de la llegada de los romanos.

Para ellos, esta roca tenía una doble señal sagrada de la divinidad que habitaba en aquella cima rocosa, ya que de frente muestra toda la fiereza de una divinidad guerrera, y de lado recuerda claramente el perfil de una rapaz grande, sea buitre, águila u otra semejante, aves mensajeras, representantes y mediadoras de los antiguos dioses.

A pocos metros, de esta singular roca se encuentran las escaleras que permiten subir a la Silla de Felipe II. La Silla está labrada sobre una roca de granito que, según la leyenda, era utilizada por el monarca para vigilar el avance de las obras del Monasterio de El Escorial.

Recientes investigaciones apuntan a que se trata de un altar de ofrendas de un pueblo prerromano, la curiosa forma de barca que tiene tanto la piedra de enfrente y la Silla, indica que podría haber sido tallado por los Vetones, un pueblo de cultura celta, como altar dedicado a algún dios. De hecho, hay otro llamado “El Umbo” en La Nava del Barco en la provincia de Ávila que se asemeja completamente al de aquí cuyo nombre es el “Canto Gordo” Incluso a unos pocos kilómetros en una finca privada, hay otra piedra parecidísima.

Desde aquí se puede ver sólo una panorámica general del Monasterio, muy bella, pero lejana, por lo que es dudoso que realmente le sirviera al rey para realizar el seguimiento de las obras. Se sabe que lo hacía mejor desde el pico San Juan o desde Abantos, más cercanos y con mejor perspectiva, no tan rasante como desde la Silla.

Desde la Silla de Felipe II, nos recreamos con las excelentes vistas de este mirador real, Las Machotas, nuestro próximo objetivo, Abantos, San Lorenzo de El Escorial y su majestuoso monasterio, el valle, y al fondo en la lontananza Siete Picos y Cuerda Larga.

La silla es de una de las atracciones turísticas más visitadas del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, dada su condición de mirador del monasterio escurialense y de la práctica totalidad del Circo de El Escorial, además de las connotaciones de antiguo altar vetón que ahora se le atribuye.

Continuamos, por tanto, la ascensión hacia el Collado de Entrecabezas (1273 m) siguiendo esta senda, sin dejar el GR-10, en dirección sur, las Machotas nos esperan.

Entre grandes piedras enmohecidas y robles casi despeluchados, subimos admirados de tanta belleza. Al poco, pasamos junto a las ruinas de La Casa Del Sordo, antigua casa de guardas, a cuyo costado tenemos otro excelente mirador natural, con mejores vistas que el de la Silla, al estar a mayor altura. El embalse de Valmayor y la Sierra de Hoyo, al fondo, se pueden admirar en toda su amplitud. El Escorial, Siete Picos, la Cuerda Larga, a lo lejos nos regalan sus bellas siluetas.

Un cartel indicador nos informa que estamos en una finca de propiedad privada y las normas para poder transitar por ella. Continuamos en dirección suroeste, pasando por una zona con algunos enebros, que nos muestran sus preciados y rojos frutos.

Continuamos ascendiendo unos metros más hasta alcanzar el Collado de Entrecabezas (1273 m), situado a 3 km del inicio y llamado así por ser el punto en el que se juntan las dos Machotas.

En pleno collado se encuentra una gran roca con leyenda cincelada “Senda de los 3 ermitaños”, en referencia a los tres montículos que conforman la Machota Baja. Continuamos, dirigiéndonos por esta senda hacia ella, tras cambiar a dirección sureste, dejando a nuestra derecha la Machota Alta.

Desde el collado se contempla el monte de La Almenara (1.259 m de altura), el más picudo de la foto, y el más meridional de la Sierra de Guadarrama, a la derecha la Sierra de Gredos, formando un espectacular sin fin de montañas superpuestas. Por esto, nada nos cuesta, entender a aquellos ascetas que buscaron el bálsamo de la paz y del silencio en estas cumbres de los Tres Ermitaños, de aquí que sigamos sus pasos por estos agrios canchales donde florecen las peonías y los lirios, doblemente hermosos en su soledad.

Enseguida alcanzamos la zona rocosa por la que tenemos que caminar un kilómetro y subir los 131 metros que hay, desde el collado, a la cumbre de la Machota Baja, momento en que dejamos el GR-10, que continua en busca de Zarzalejo.

El sendero de ascenso a la cumbre está perfectamente definido, señalizada con hitos de piedra, serpenteando entre los jarales hasta alcanzar estos lanchazos de piedra, entre riscos, bolos en equilibrio y vericuetos que recuerdan por momentos a los de la Pedriza.

Para poder alcanzar el vértice geodésico y la cápsula de sentimientos montañeros, debemos rodear la gran roca de la cima por su lado sur y asirnos a una pequeña grieta de la misma para poder trepar a la cima.

A vistas de pájaro sobre Zarzalejo, tenemos la serrezuela de la Almenara, las dehesas de El Escorial y el embalse de Valmayor y hacia el sur, la excelente panorámica de las lagunas de Castrejón.

Las Machotas son montes-islas, llamados así por su ubicación colateral con respecto al eje axial guadarrameño, y son el resultado de una extrusión plutónica ocurrida hace millones de años. Dada su configuración aislada en relación con la alineación principal de la Sierra de Guadarrama, estas montañas han sido objeto de una acción erosiva diferencial, que ha dado lugar a la formación de abundantes bolos graníticos, algunos de gran singularidad.

Dejamos nuevamente en calma la Machota Baja con su vértice geodésico como único testigo de los tesoros paisajísticos que oculta en su divina soledad. Comenzamos el descenso, volvemos al Collado de Entrecabezas por la misma ruta seguida hasta aquí, iniciando desde él el ascenso a la Machota Alta sorteando una valla de piedra que nos sale a nuestra izquierda por una singular puerta somier, alta tecnología de la inventiva carpetovetónica muy arraigada en la zona.

Nos espera un kilómetro con unos 180 metros de empinado desnivel desde el collado, por una senda paralela a la cerca de piedra que nos separa de Zarzalejo, compensados por bonitas vistas de El Escorial, Abantos y Sierra de Guadarrama a nuestra derecha. Hacia atrás, contemplamos la silueta de la Machota Baja, de dónde venimos.

A los pocos metros alcanzamos la Peña del Fraile, que es como también se le conoce a la Machota Alta, que tiene 1.461 m de altura, solo 57 metros más que su hermana menor.

La inconfundible silueta del Fraile asemeja un religioso encapuchado que se afana en escribir sobre su escritorio quién sabe qué textos, risco al que, como otros lugares del entorno de El Escorial, se le atribuye características especiales, mágicas y telúricas.

Las vistas desde este punto, son muy gratificantes: el embalse del Batán y San Lorenzo a nuestros pies, el bosque de la Herrería, Abantos, La sierra de Malagón, El Valle de Guadarrama, y a lo lejos Cuerda Larga y La Pedriza. El contraste de colores de los pinos de Abantos y el robledal y castañar de la Herrería es tremendo.

Los castañares de Las Machotas están incluidos en el Catálogo de Árboles Monumentales Madrileños. Algunos ejemplares alcanzan los 20 m de altura y los 25 m de diámetro de copa.

En el descenso tenemos que saltar otra cerca de piedra, para continuar perdiendo altura, en busca de la senda que nos llevará de nuevo a la Herrería.

Al poco, alcanzamos la carretera de la Herrería, cuyo tráfico se desvió a la actual M-505, señalizada en parte como paseo ecológico. La seguiremos durante unos dos kilómetros, hasta la fuente de la Reina. Es un paseo muy llano, casi sin pendiente, rodeado de robles que la adornan bellamente. Las hiedras enredadas en los troncos de los robles y el musgo de las rocas añaden, sin cabe, más belleza al entorno.

Al poco de pasada la fuente de la Reina abandonamos la carretera, proseguimos por la margen derecha de la valla de la finca El Castañar, situada en la Hoya de Carbonel.

Con la valla a nuestra izquierda bajamos, en dirección noreste, en busca de la Ermita de la Virgen de Gracia, finalizando así esta bonita y otoñal excursión, llena de matices y colorido que nos hizo conocer algunos de los misteriosos secretos que guarda El Escorial.

Ficha técnica

Inicio: La Herrería. San Lorenzo de El Escorial

Final: La Herrería. San Lorenzo de El Escorial

Tiempo: 5 a 6 horas

Distancia: 12,4 km

Desnivel [+]: 712 m

Desnivel [–]: 712 m

Tipo: Circular

Dificultad: Media

Pozas y agua: No

Ciclable: No

Apta para niños: Sí

Época recomendada: Primavera y sobretodo otoño

Ruta: 113 del GMSMA


Texto y Documentación Gráfica: Francisco Nieto – fpaconi@hotmail.com

Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio – bgmsma.blogspot.com

Ilustración: Javier Garrobo


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *