RUTA: EL CONVENTO DE CASARÁS, por Francisco Nieto

Son muchas las leyendas existentes alrededor de la Sierra de Guadarrama, casi todas basadas en amores no correspondidos o imposibles, como la que se cierne sobre la antigua Casa Eraso, situada cerca del Puerto de la Fuenfría.

La casa Eraso fue motivo de inspiración del misterioso convento templario de Casarás, en la novela romántica “La sombra blanca de Casarás”, de Jesús de Aragón, un escritor nacido en Valsaín en 1893.

La novela cuenta la historia del Caballero Hugo de Marignac, habitante de Casarás y merodeador de Valsaín, un ser inmortal que vaga por el Pinar montado en su maravilloso corcel blanco, secuestrando doncellas.

Y es que según la leyenda, Hugo de Mariñac había recibido la encomienda de esconder los tesoros de la Orden al dictarse la persecución contra ellos, y los trajo a Casarás. Aquí se enamoró de una condesita castellana que venía con la reina del palacio de Valsaín, pero como no podía conseguir su amor, acudió a un mago que en la que llamaban Cueva de Monje, cultivaba extraños ritos que se cerraban con el sacrificio de un joven; y un día de tormenta habiendo conseguido raptar a un muchacho, el templario acudió a la cueva envuelto en su amplia capa para evitar ser reconocido por los leñadores. Cabalgó hacia la Boca del Asno y por el arroyo de las Dos Hermanas, penetró en la falda de Peñalara, deteniéndose en el caótico canchal que se alza en una pradera extraviada.

El ermitaño esperaba su visita y se dispuso a efectuar sus mágicas ceremonias con las que esperaba conseguir como pago que Mariñac le revelase el secreto del tesoro de la Orden. El senescal prometió revelárselo siempre que ese mismo día y en aquel mismo lugar lograra satisfacer su pasión. Los dos de acuerdo, el brujo empezó sus ritos: encendió una hoguera, hizo sus conjuros, mató al muchacho y ante los atónitos ojos de templario, el joven se puso en pie transformado en la silueta de su amada envuelta en llamas. “Clava tu espada en el corazón de la imagen y la figura de la mujer que amas se hará real ante ti ahora mismo”. El templario lo hizo y la condesita, apretándose el pecho con las manos, se materializó en la cueva alejándose del cuerpo del muchacho sacrificado.

El brujo exigió su recompensa.”Págame el precio convenido, ¿donde guardáis el tesoro?”. “Imbécil, -respondió el templario-¿Creíste alguna vez que iba a decírtelo?”. Y golpeó al viejo haciéndole caer al suelo. “Maldito- dijo éste-. Presumí de tu infamia y me precaví. La espada que clavaste a la condesa, la ha matado. Nunca podrá amarte”. Y así fue. La joven separó sus manos del pecho, dejando ver una horrible herida por la que la sangre manaba a borbotones y cayó muerta. Mariñac, loco de rabia, mató al hechicero y a galope tendido volvió al convento donde nunca llegó.

Dicen que su alma todavía vaga por las sierras próximas a Casarás y que en los días de tormenta galopa entre los pinos cuidando de que el espíritu del monje mago no pueda acercarse hasta el monasterio y descubrir el escondrijo del tesoro que había sido puesto bajo su custodia y nunca pudo encontrarse.

LA RUTA

Con el objetivo de visitar lo que queda de tan legendario lugar, y quién sabe si dar con el preciado tesoro, seguiremos la excursión 284 del GMSMA, denominada “Convento de Casarás”. El track, mapas y fotografías de la ruta pueden consultarse en el blog del GMSMA, cuyo enlace aparece al final del texto.

Iniciamos la ruta en el Puerto de Navacerrada

Iniciamos la ruta en el Puerto de Navacerrada, en el que, a pesar de haber algo de nieve, la afluencia de público no era muy grande.

Para evitar la pista del Bosque, muy peligrosa de cruzar a estas horas, ascendimos por una senda, no muy habitual, hacia los remontes de esta pista, bordeando venta Arias por su cara sur, que asciende con bastante pendiente próxima a una cerca, con bonitas vistas de la Bola del Mundo.

Una vez alcanzada la cima, pasando cerca de los remontes de la pista del Bosque, la panorámica del Alto de las Guarramillas y su valle es completa. Las actuales antenas de telefonía móvil que hay en un roquedo recuerdan que en este lugar existió una torre del telégrafo óptico Madrid-Irún que le dio nombre al cerro donde se ubica.

El camino Schmid

Desde allí descendimos en dirección noroeste en busca del Camino Schmid, con el que conectamos enseguida, para seguirle hacia la izquierda por la Umbría de Siete Picos, cruzando al poco el arroyo del Telégrafo, que nace cerca del cerro de dónde venimos.

Como era de esperar, el camino Schmid estaba muy nevado, y en muchos tramos, muy resbaladizo. Los troncos caídos a su vera le daban un aspecto aún más bello al camino y cuando los pinos dejaban un hueco, disfrutamos de las bellas vistas de Peñalara.

La Sierra de Guadarrama comienza a ser redescubierta entre finales del siglo XIX e inicios del XX por científicos, pedagogos y aficionados a la montaña.

De esta época datan las primeras sociedades montañeras, como Twenty Club (1907) que luego formó el Club Alpino Español y también los Doce Amigos (1913), capitaneados por Constancio Bernaldo de Quirós, que más tarde paso a ser el embrión de la Sociedad de Alpinismo Peñalara, cuyo objetivo era dar a conocer la sierra del Sistema Central de la Península.

En este contexto, fue el austriaco Eduardo Schmid Weikan quien en 1926 señalizó esta ruta que une el Puerto de Navacerrada con el Albergue del Valle de la Fuenfría por la que ahora transitamos.

Antes de iniciar la subida al Collado Ventoso, dejamos el camino Schmid para continuar por la senda de las Cospes, que bordea la ladera norte del Cerro Ventoso y antes de alcanzar el Puerto de la Fuenfría, recala en la fuente de gélidas aguas que da nombre al puerto.

En él paramos a reponer fuerzas, tomando el aperitivo bajo un sol espléndido, mientras ciclistas y senderistas iban y venían por los numerosos caminos que aquí confluyen. En pleno puerto, un monumento en piedra recuerda a José Antonio Cimadevila Covelo, nacido en Santiago, fundador y presidente de la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago de Madrid, ya que por aquí pasa tan histórico camino.

Sería por lo bien que se estaba, por lo que el piscolabis se prolongó más tiempo de lo habitual, lo que aprovechamos algunos para construir un simpático muñeco de nieve.

Vistas de Peñalara

Continuamos por el tramo de la carretera de la República que desciende en dirección noreste hacia Segovia, con vistas preciosas de Peñalara a nuestra derecha, cada vez que los claros de los pinos nos dejaban contemplar las hermosas vistas de la sierra.

Pasamos por el puente que salva el arroyo Minguete y, al poco, el del arroyo de la Argolla, en el que el agua se abre paso entre la nieve y las rocas en dulce murmullo.

Enseguida llegamos a lo que queda de la Casa Eraso, conocida también como Casa de la Fuenfría o Convento de Casarás. Fue mandada construir por Felipe II, como aposento propio cercano al Puerto de la Fuenfría para evitar alojarse en la modesta y bulliciosa venta que había en lo alto del puerto.

Encargó los diseños a su maestro mayor de obras, Gaspar de Vega, después de que el monarca hubiese señalado el emplazamiento, y tras su fallecimiento, Juan de Herrera se encargó de su cuidado y por eso tuvo algunos detalles arquitectónicos herrerianos, como los tejados empinados en pizarra que recordaban a los de El Escorial.

La obra finalizó en 1571 y la casa quedó bajo la dirección de su secretario, Francisco de Eraso, quien la administró hasta su muerte, por lo que se la conoció como “Casa Eraso”. Durante más de dos siglos la Casa Eraso cumplió su cometido, sirviendo de alojamiento, descanso y fonda a la familia real en su tránsito por la sierra desde Cercedilla hasta el Palacio de Valsaín.

En 1788, Carlos III ordenó la construcción de la nueva carretera desde Villalba a La Granja por el Puerto de Navacerrada, por lo que al cesar el tránsito de la familia real por la Fuenfría, la Casa Eraso se abandonó desde principios del siglo XIX, dando pie a su ruina.

Fuente de la Fuenfría

Y tras el descanso en este emblemático lugar cargado de historia y leyendas, iniciamos el camino de regreso, esta vez por la pista que va al puerto paralela a la carretera de la República, por encima de ella, pasando de nuevo por el arroyo de la Argolla y de Minguete, en lo que era el Cordel de Santillana.

Desde allí, alcanzamos enseguida el Puerto de la Fuenfría, desde el cual regresamos deshaciendo nuestros pasos hasta volver al puerto de Navacerrada, esta vez cruzando la pista del Bosque, hasta alcanzar la pista del Escaparate, desde donde descendimos al puerto para así dar por finalizada esta ruta cargada de historia y leyendas.

FICHA TÉCNICA

Código QR

Inicio: Puerto de Navacerrada

Final: Puerto de Navacerrada

Tiempo: 5 a 6 horas

Distancia: 16,3 km

Desnivel [+]: 423 m

Desnivel [–]: 423 m

Tipo: Ida y vuelta

Dificultad: Media

Pozas y agua: No

Ciclable:

Apta para niños:

Época recomendada: Cualquier época, evitando temporadas de mucha nieve.

Ruta: 284 del GMSMA

Enlace de esta ruta al blog del Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio (GMSMA), donde se podrá obtener información adicional y los track para seguir la ruta con GPS

Ilustración de Juan Luis Albandea – Escuela de Arte Collado Mediano

Texto: Francisco Nieto – fpaconi@hotmail.com

Documentación Gráfica: Francisco Nieto – Grupo Mágico de Senderismo Miércoles con Antonio

Ilustración de Juan Luis Albandea – Escuela de Arte Collado Mediano

Publicada en Apuntes de la Sierra n.º 261 (Noviembre 2016)


 

 

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