LA VIRGEN DE AGOSTO: Origen de la Asunción de la Virgen, por Pilar Nogales

Toda una historia que se repite a lo largo y ancho de todas las civilizaciones, de origen en los ciclos naturales

La Virgen de los Remedios de Colmenar Viejo

Si hay un mes que podríamos llamar Mariano por su advocación a la Virgen María, éste sería agosto. Muchos de los pueblos tienen sus fiestas patronales en este mes y muchas de ellas dedicadas a alguna Virgen; si hablamos de la sierra encontramos: de los Remedios en Colmenar Viejo, de la Jarosa en Guadarrama, de Gracia en Rascafría,… pero, sobre todas ellas, la que destaca es la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto.

Esta festividad de la Iglesia Católica celebra el fin del peregrinaje por el mundo de María y su subida al cielo, en cuerpo y alma, como parte de la redención humana a través de Cristo. Aunque ya empezaron a celebrarse festividades en honor a la Virgen en el siglo VI en la Iglesia Católica Oriental y en el siglo VII en la Iglesia Católica de Roma, será el Papa Nicolás I, en el año 858, quien instaurará esta festividad de la Asunción de la Virgen. No obstante, su dogma no será oficial hasta su confirmación por Pio XII en 1950. Pero, vamos a analizar según la historia ¿cuál es el origen de esta festividad y por qué en esta fecha?

Venus de Willendorf

Desde el Neolítico los cultos a la fertilidad y renacer natural se venían desarrollando a través de deidades femeninas como la Venus de Willendorf o la de Lespugue. Con el tiempo podremos ver los rituales a las diosas serpiente minoicas, por ejemplo, así como numerosos cultos matriarcales femeninos. Una de estas diosas, posiblemente la que dio lugar a las demás ya en época posterior, es de procedencia babilónica: estamos hablando de Ishtar.

Ishtar es una diosa maternal y vengativa, que da vida y muerte, de la belleza y la sexualidad

Ishtar es una diosa maternal y vengativa, que da vida y muerte, de la belleza y la sexualidad, tenía como número asociado dentro de su panteón el 15 y se la representaba con un león. Era la deidad principal y estaba casada con Tammuz, el pastor, un mortal hijo de otra diosa y el cual custodiaba las puertas del cielo. Todo ello en época antediluviana, pues debemos aclarar que la primera mención escrita a un diluvio universal proviene de la Leyenda de Gilgamesh, la primera epopeya escrita (en escritura cuneiforme, la que hasta ahora se considera la primera, antes de la egipcia).

Ishtar tendrá gran influencia en el mundo antiguo y se extenderá por todo el Mediterráneo con nombres como Inanna o Astarté (representada en las damas íberas como la de Elche o la de Baza). También tendrá su equivalencia en prácticamente todas, (por no decir todas), las religiones: la Virgo Paritura de los Druidas, Afrodita y Deméter en Grecia, Ashtoreth para judíos y hebreos, Herta en Alemania, Is en la India, Disa en Escandinavia o Shingmoo en China son algunas de ellas y en todas se la nombra como “madre de dios”, diosa de la fertilidad y la virginidad, así como miembro de una triada sagrada.

Isis en Egipto

Sin embargo, las que más nos interesan para el tema que nos ocupa serán Isis en Egipto y Venus, en Roma y, junto con ellas Sirio, la estrella triple. Esta estrella, que hoy en día sabemos que son tres y que pertenece a la constelación del Gran Perro (Anubis, dios de la muerte), estaba asociada en el Antiguo Egipto al culto de Isis, Osiris y Horus, la familia principal dentro del panteón egipcio, de hecho, la Gran Pirámide de Kheops tiene uno de sus conductos dirigidos hacía la estrella en función del antiguo rito de resurrección de Osiris gracias a Isis.

Esta estrella se ve por primera vez al alba en agosto, lo que se conoce como orto helíaco y marca el inicio del nuevo ciclo vegetal. Y es que no podemos olvidar que la mayoría de las plantas, y mientras el cambio climático lo permita, terminan su ciclo de crecimiento a mediados o finales de agosto para entrar en letargo hasta la siguiente primavera.

Según Hermes Trimegisto, padre de la alquimia, profeta pagano y supuesto creador de la Tabla Esmeralda, Sirio también estaba relacionada con la Atlántida, una civilización que desapareció antes del diluvio y que resurgirá en un ciclo de vida eterna gracias a este cuerpo celeste asociado a Venus y a Quetzatcoalt, el Cristo Azteca, en Mesoamérica.

Vinalia rústica

Con la conquista del Imperio Romano de Egipto, entre otros lugares, se produjo un sincretismo en las religiones y los cultos, muchos de ellos comunes. El 19 de agosto se celebraba la Vinalia Rústica, una fiesta dedicada a la vendimia y la fertilidad y a la diosa Venus Obsequens, la primera Venus romana que se conoce. Esta celebración se incluyó dentro de las fiestas de Ferragosto o Feriae Augusti (reposo de Augusto). El emperador que dio nombre al mes incluyó una serie de fiestas repletas de comidas, alcohol y sexo y el día 15 era cuando se daba propina a los trabajadores para el comienzo de la temporada de descanso tras la vendimia y prensado de la uva. El Ferragosto aún sigue vigente en Italia, incluida una carrera de caballos en Siena, llamada Palio dell’Assunta (de la Asunción).

De esta forma las distintas diosas se fueron aunando así como sus cultos. El número 15 de Ishtar se unió a la salida de Sirio en honor a Isis y al Ferragosto de Venus junto al culto, también el día 15, de Diana (la cazadora virgen) en Efesios. Todas estas celebraciones estaban muy arraigadas en el seno de la cultura popular cuando el cristianismo empezó a extenderse.

San Marcos, el Evangelista

En el siglo I San Marcos, el Evangelista, primer obispo de la Iglesia de Alejandría (Egipto) y fundador de la Iglesia Copta, vio en Isis la forma de llegar a la población. Tradicionalmente Isis era representada con su hijo Horus en el regazo, a modo de las vírgenes kiriotissas. El niño en su mano sujetaba el Anj o “llave de la vida”. No fue difícil transformar a esta madre y su hijo en un símbolo cristiano y de esta forma, una nueva fusión de doctrinas se fue produciendo a lo largo del entonces Imperio Romano.

Los símbolos permanecieron, incluso su significado nos llega hasta hoy, una madre que sube a los cielos tras haber tenido a un hijo sin necesidad de ningún hombre, un hijo que muere y resucita, que es el dios de los cielos y que nos vigila. Toda una historia que se repite a lo largo y ancho de todas las civilizaciones, de origen en los ciclos naturales y que el cristianismo supo adaptar a su liturgia.

La dama de Elche

Texto: Pilar Nogales – pilar_nogales_g@hotmail.com

Documentación Gráfica: Creative Commons.

Marisa Ortega.


 

 

 

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