LA NAVIDAD A TRAVÉS DE LA HISTORIA, por Pilar Nogales

Hace ya un año que escribí sobre el origen de la Navidad. Para no extenderme demasiado, hice un repaso histórico hasta llegar al momento en que Constantino, emperador romano, alentado por su madre, Santa Helena de Constantinopla, se convirtió al cristianismo. Para ello adaptó el culto a Mitra, el sol invicto y las festividades de las Saturnalias, para introducir así la liturgia del Nacimiento de Jesús.

No obstante, quedaron muchas cosas en el tintero. Muchas tradiciones, algunas muy españolas, de cuyo origen y evolución no nos dio tiempo a hablar. En este artículo vamos a continuar viendo algunas de ellas.

Algo que siempre asociamos a las Navidades son los Villancicos. (Cuadro pintado por Francisco Soria Aedo (1898-1965)

Para empezar se me ocurre, que, algo que siempre asociamos a las Navidades son los Villancicos. En su origen, los villancicos eran poemas de la tradición oral castellana, de época medieval. Estaban influenciados por otros tipos de lírica de la época, como las cánticas galaico-portuguesas o el zéjel mozárabe. Su mismo nombre hace alusión a su procedencia, “villancico”, de villa o villano.

Inicialmente su temática era profana: trabajo, amor, sátira, etc. y con un marcado lenguaje simbólico: morir se asociaba al sexo, lavarse o lavar las camisas eran el encuentro con la persona amada, etc. Y es que, generalmente, había un “yo” que contaba la historia y que solía ser una mujer.

En el siglo XII era un tipo de cancioncilla muy popular y se introdujo en varias festividades religiosas; promovido esto, principalmente, por los monasterios del Cister. También San Francisco de Asís entendió que había que adaptar las canciones en lengua vernácula para que el mensaje llegara a los fieles.

En el siglo XVII, Juan II de Portugal, el Rey Músico, hizo una recopilación de estas canciones que tuvo un antecedente en el sigo XIII en el libro Chronicon Mundi de Lucas de Tuy. Y es que, desde mediados del siglo XV, en el Renacimiento, los villancicos cobraron una especial importancia que seguiría en auge hasta el siglo XVIII cuando adquirieron un toque más italianizante.

De esta manera el villancico se extendió, y aunque el origen esté en tierras castellanas, no tardará en llegar al Nuevo Mundo como herramienta evangelizadora.

Junto a los villancicos, otra cosa que las órdenes franciscanas ayudaron a extender, fueron los Belenes, también conocidos como Misterios.

Su origen tenemos que buscarlo en los Evangelios Apócrifos; así en la “Ascensión de Isaías”, se hablaba de las nodrizas que lavaron la ropa de la Virgen tras el parto (las lavanderas). En el “Diálogo” de Justino y San Jerónimo se habla de una cueva como lugar del alumbramiento, la estrella aparece sólo en el Evangelio de Mateo y acabará transformándose en el Espíritu Santo en la Biblia hebrea. Especial tratamiento debemos darle al buey y la mula del protoevangelio de Santiago, donde estos animales son símbolos de la liberación de un pueblo de la exclavitud.

Santa Cuna en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma

Se han encontrado belenes en catacumbas de época romana, asociadas a los lares o dioses domésticos de esta cultura, por lo que a menudo, las vírgenes eran figurillas de la diosa Venus.

En el siglo V, el Papa Sixto III, llevó a Roma fragmentos de la Santa Cuna a la Basílica de Santa María en el Pesebre, que pasaría a llamarse Santa María la Mayor e inició la tradicional misa de medianoche.

En el sigo VI se extendió y aseveró la profesión de José como carpintero, que hasta ese momento había sido una hipótesis o suposición, gracias a los marfiles bizantinos.

De esta forma, en el siglo VIII eran comunes las representaciones teatrales del nacimiento y muerte de Cristo. El problema vino cuando se fue perdiendo el carácter religioso mezclándose los evangelios con temas profanos. Tal fue la cosa que el Papa Inocencio III, a principios del siglo XIII los prohibió.

San francisco de Asís

Será nuevamente San Francisco de Asís quien reavivará esta tradición pocos años después de su prohibición. En 1223, cuando llegó a Greccio (Italia), para transmitir las Sagradas Escrituras, pidió una dispensa al Papa Honorio III, y con ayuda de una de las personas pudientes de la localidad, organizó en una cueva, con paja, un buey y una mula, una misa. A ella hizo llamar con una campana y los lugareños acudieron andando o en burro, como hicieran los pastores.

Desde este momento, los franciscanos hicieron de los belenes parte de su discurso, en alusión a la humildad del nacimiento de su Mesías. En 1986 se declaró a San Francisco de Asís patrón de los belenes -aunque hay quien asegura que no fue San Francisco, sino San Antonio de Padua, el que ofició aquella misa-.

Sea como fuere, los belenes se popularizaron por toda Italia, siendo inicialmente algo que sólo se hacía en iglesias, para pasar a la nobleza y más tarde al pueblo llano durante el siglo XIV. Los talleres belenistas fueron apareciendo por todas partes: París (1465), Alcorcón (1474), Siena (1475), Lisboa (1479)

En el siglo XVIII, Carlos III de Nápoles, rey de España, trajo consigo la rica tradición de los elaborados belenes napolitanos, y en el siglo XIX las Asociaciones Belenistas fueron surgiendo, siendo la más antigua que sobrevive la de Barcelona, fundada en 1863 (la de Wenns, en Austria, fundada en 1860, ya desapareció).

¿Y cómo podemos hablar de belenes sin hablar de los Reyes Magos? Evidentemente, eso no es posible. Para comenzar, hay que aclarar que la palabra “mago” viene del persa y eran los sacerdotes, persas o babilónicos, que estudiaban las estrellas para buscar a su Dios. Por lo tanto, al decir magos, estamos nombrando a doctores de la Iglesia o sacerdotes eruditos.

De los Reyes Magos sólo se habla en el Evangelio de Mateo y según las interpretaciones su número iba de 2 a 12 (la iglesia armenia considera 12). Será en el siglo III cuando se determine su número, siendo consolidado gracias a un Decreto Papal en el siglo V.

Los nombres actuales que les damos: Melchor, Gaspar y Baltasar, así como su aspecto simbolizando las tres edades del hombre, aparecen representadas por vez primera, en la basílica bizantina de San Apolinar el Nuevo en el siglo IV. Allí los Reyes van vestidos con atuendos persas.

La concepción fue variando, y en el siglo XV se asimilaron, no sólo a las tres edades del hombre, sino a las tres razas conocidas en la Edad Media: Melchor eran las europeas, Gaspar las asiáticas y Baltasar las africanas.

Según cuenta la leyenda, el apóstol Tomás encontró a los Reyes en Saba durante su travesía para proclamar las palabras de Jesús. Allí los bautizó e hizo obispos. Fueron martirizados y muertos en el año 70, siendo enterrados en el mismo sarcófago. Santa Helena, como ya hemos dicho al inicio, era una gran devota y fue a Tierra Santa donde encontró un féretro con tres cuerpos coronados en su interior. Asumiendo que se trataba de los tres Reyes, lo trasladó a Constantinopla -actual Túnez-. Allí permaneció hasta que en el siglo XII, Federico I Barbarroja, lo llevó a Colonia, Alemania, donde fueron objeto de culto y peregrinación y gracias a lo cual se construyó la espectacular catedral de la ciudad.

Se habla, de la existencia de un cuarto Rey Mago, Artabán

Se habla también, de la existencia de un cuarto Rey Mago, Artabán, Según se cuenta, los cuatro sacerdotes se reunían en el Zigurat de Borsippa para mirar las señales de las estrellas. El día de la partida, Artabán, iba con sus ofrendas, su diamante de la isla de Meroe, un rubí de las Sirtes y un jaspe de Chipre. En el camino se encontró un viejo al que habían golpeado y robado, le curó y le entregó el diamante. Debido a esto, cuando llegó, sus compañeros habían partido. Inició él solo el viaje y al llegar a Judea presenció la matanza de los primogénitos, entregando el rubí a un soldado a cambio de la vida de un recién nacido. Por ello, le detuvieron y encarcelaron durante 30 años.

Al salir había escuchado de los milagros del Mesías y se dirigió al Gólgota a entregar el jaspe que le quedaba, pero por el camino ve a una joven que va a ser vendida para pagar las deudas de su padre, por lo que entrega el jaspe a cambio de su libertad. Artabán queda desolado hasta que Jesús se le aparece diciendo que ha hecho lo correcto, pues ayudando a los demás la ha ayudado a él.

Esta historia no es muy conocida, no asó como las tres ofrendas de los Reyes: oro, por la regia ascendencia de Jesús, incienso, por su carácter divino, y mirra, como preludio de la muerte que le vendría.

Otros dos hechos curiosos sobre los Reyes Magos y que tienen que ver con España son, por un lado, que según algunos textos, los Reyes habrían partido del rico reino de Tartessos (se supone que estaba en la zona de Huelva y Badajoz), y por otro, la primera Cabalgata de Reyes se celebró en Alcoy, Alicante, en 1866.

Aún nos quedan temas por abordar sobre la Navidad, como los roscones de reyes, las uvas de fin de año o el aguinaldo, pero lo dejaremos para otra ocasión.

¡¡FELICES FIESTAS A TODOS!!


Texto: Pilar Nogales: pilar_nogales_g@hotmail.com

Documentación Gráfica: Creative Commons


 

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