LA CUEVA DE LA MORA, por Ignacio Hernández Tijera y Javier Garrobo

Según cuenta la leyenda…

una cueva en la Pedriza

fue el lugar en donde Naima

estuvo presa, cautiva,

encerrada por su padre

para no poder ser vista.

Naima era una joven mora,

una mujer hermosísima

cuyo amor por un cristiano

nunca admitió su familia.

Mientras la ropa lavaba

en la fuente cierto día,

un hombre pasó a caballo

por la zona a toda prisa

y tan pronto como vio

la figura de la chica,

no muy lejos del camino,

tan sumamente atractiva,

cantando viejas canciones,

agachada, de rodillas,

con las manos en el agua,

a la sombra de una encina,

sin dudarlo cabalgó

al pie de la fuente misma.

Sintió Naima, por su parte,

un cosquilleo en la tripa;

sintió fuego en vez del agua

y del aire una caricia.

Pero el padre de la joven

esa unión tanto temía,

que en una elevada cueva

metió a la fuerza a su hija,

que lloraba, que gritaba,

que suplicaba allí arriba,

y dicen que tal tristeza

apagó al final su vida.


Texto: Ignacio Hernández Tijera

Ilustración: Javier Garrobo – Escuela de Arte Collado Mediano


 

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