EL MARTILLO DEL BOSQUE, por Máximo Muñoz Escribano

Ya hemos dedicado en esta misma sección un artículo acerca de los pájaros carpinteros que habitan nuestra sierra, y como podemos recordar nada menos que cinco especies de ellos pueblan estas montañas. De entre ellas destaca sin lugar a dudas una realmente majestuosa, tanto por su porte tamaño y vistosidad, como por su estatus de especie rara y escasa en la sierra de Guadarrama. Hablamos ni más ni menos que del Pito negro, Dryocopus martius, el pájaro carpintero de mayor tamaño, y con diferencia, incluido en el catalogo regional de especies amenazadas de la Comunidad de Madrid. Esto justifica sobradamente que le dediquemos un artículo en exclusiva.

Efectivamente el Pito negro es un ave enorme, enorme para el grupo de los pájaros carpinteros, completamente negro a excepción de un copete rojo, muy vistoso, en la parte superior de la cabeza. Es sin lugar a dudas un ave de singular belleza, de las más bellas que podemos observar en la sierra.

Como decimos se trata de una especie escasa, escasísima, si bien no han faltado citas de la misma en casi ningún año, en diferentes localizaciones serranas, fundamentalmente en los bosques de Pino silvestre de La Granja, Valsaín, y puertos de Navafría, Morcuera y muy especialmente en el de Canencia, donde con diferencia se concentra la mayor parte de avistamientos de esta especie. A veces ha sido observado en algún robledal serrano.

La mayor parte de estos avistamientos corresponde a individuos jóvenes, no reproductores, divagantes y en dispersión que podrían constituir en el futuro una nueva población en el sistema central, aves procedentes de la cornisa cantábrica y el Pirineo. Estas observaciones son realizadas sobre todo durante el invierno. Pero también se han constatado algunos casos aislados de reproducción.

Como todos los pájaros carpinteros, nuestro protagonista es estrictamente insectívoro, buscando su alimento en la madera de los arboles tras perforarlos profundamente con su potente y especializado pico. Los destrozos que se pueden observar en la madera tras su presencia son impresionantes, y en sí mismos se convierten en indicios de su presencia en la zona. También el estridente ruido que produce al picar la corteza de los arboles, un sonido inconfundible que se oye a mucha distancia en el bosque.

Por cierto, ahora según el nuevo criterio de “Los sabios” ya no podemos llamar a estas aves pájaros carpinteros, sino picamaderos. Algún día hablaremos de la ridícula nueva nomenclatura en boga traída de malas traducciones del mundo anglosajón. Un abrazo amigos.


Texto: Máximo Muñoz Escribano

Documentación Gráfica: Creative Commons


 

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