EL CABALLO, TRADICIÓN EN LA DEHESA DE LA SIERRA OESTE, por Cristina Eguíluz Casanovas

Bajo el monte Abantos y las Machotas, se extiende una amplia dehesa, zona rural privilegiada donde los caballos españoles se pasean a sus anchas.

Allá por los tiempos de Felipe II se instalaron las antiguas caballerizas de la corte. Hoy, la tradición llega a nuestros días gracias a la vocación y pasión de unos pocos ganaderos. Toro bravo y caballo de Pura Raza Española (PRE) pastan en los cuarteles de una de las praderas más amplias de toda Europa y probablemente la más idónea, esto es debido a la base granítica del subsuelo, la cual recoge el agua proveniente de las montañas que fluye bañando los verdes fresnos, cuyas raíces se nutren en tierra vegetal aposentada durante siglos. Una adecuada climatología y amables pastos, ofrecen al ganado suelto la libertad de correr y retozar.

La estampa del caballo español no desmerece la tan reproducida del toro bravo, que también asoma por estos parajes. Belleza y nobleza, las dos características del caballo español, versátil en las distintas aplicaciones: carrera, salto, doma, ride, enganche, volteo… El animal sale del establo fuerte pero sin dar coces, de buen carácter se adapta al jinete y al terreno.

La cría y doma de caballos se extiende por la cuenca de Guadarrama sin apenas publicidad, respetando el entorno. Es la selección humana la que ha ido perfilando su casta. Buenos sementales para cubrir a las yeguas en una cría extensiva, “porque una yegua preñada tiene que estar libre”, comenta Jaime Moreno propietario de Los Arcos, “antes, los ganaderos criábamos sólo los caballos sin educarlos, domarlos, en general. Hoy no se venden si no están domados.” Dedicación y pasión por los caballos: en un cuartel los potros, en otro las yeguas, y en los espacios estabulados de amarillo albero descansan y juegan a morderse los sementales, los registrados con su árbol genealógico. Esto es lo más habitual es la cría semi-intensiva aunque lo ideal es que estén sueltos, gran diferencia con los clubes que circundan la ciudad. Fincas que un día fueron propiedades de recio abolengo, como la del antiguo Campillo, de la marquesa de Laboronda (quien, según cuenta la leyenda, se jugó la finca a las cartas, la perdió y quedó recluida en la casa solariega de El Príncipe). Las diez mil hectáreas rústicas de los municipios de San Lorenzo y El Escorial quedan subdivididas en fincas destinadas a la cría de vacuno, casas rurales reformadas que acogen eventos, y unos pocos apasionados del mundo caballar.

La Yeguada Amadores, cuyos hierros han pasado de generación en generación lo que comenzó con la prestigiosa yeguada, en la actualidad abarca un negocio integral que comienza en la cría, reproducción y exporta nuestro orgullo de pura raza a Estados Unidos, algo más que una empresa, vocación por preservar y seguir explorando, “porque el negocio está cambiando vertiginosamente”, declara Amador Alonso. “Lo que realmente nos funcionó fue esa mezcla: el caballo funcional, de trabajo y el caballo con la cabeza, las ganas de trabajar y el poner fácil al jinete del semental Ermitaño”, prestigioso caballo PRE de élite, en copropiedad con otros ganaderos. Maravillosos ejemplares recorren las cien hectáreas del Campillo de Yeguada la llanura de fresnos y encinas, la zona de Monesterio en San Lorenzo de El Escorial.

Descendemos hacia la zona de La Fresneda, antaño lugar de recreo y caza de los monarcas en el palacio del mismo nombre; de camino en las Cebadillas, D. Luis Rodríguez Sevillano cría caballo español, comenzó su yeguada hace más de cuarenta años, el más veterano de los criadores, “los andaluces no te vendían las yeguas, empecé con dos o tres”, ahora tiene unos 35 caballos entre Pura Raza Español y Estirpe Cartujana, los considerados de más arraigo. Las yeguas y sus rastras pastan y se mueven en total libertad hasta su destete, posteriormente, son apartadas en cercados en la finca familiar Las Alverjanas. Defensor del caballo español, ha exportado a México, Nicaragua, Ecuador, “…se está generando PRE allí”, se lamenta, “porque han vendido yeguas españolas”.

Los primeros caballistas, Francisco Canales, Ceferino Preciados, Santos Brea, los Mellizos, los Arribas, Pablo Mayoral, dejan su rastro por la calleja desde los huertos hasta la vía, encontramos las fincas a diestro y siniestro: El Alto, Milanillo, El Enebral, El Chicharrón… Años atrás se utilizaba el caballo como elemento de trabajo, en su mayor parte cruzado, y una élite “de señoritos” el PRE.

Caballos en San Antón

Pero los tiempos han cambiado, y el día de San Antón, protector de los animales, numerosos caballos vestidos recorren las calles de San Lorenzo de el Escorial hasta la Ermita y en los arcos se bendice a los animales. De los gorrinos, quedan los dulces con aroma a naranja y limón. Negros, castaños, alazanes, tordos, los elegantes caballos descansan en la plaza permitiendo a los jinetes remojar el gaznate con una bebida.

La afición de unos pocos se ha popularizado en un hobby asequible aunque lejos de ser la gran pasión en el sur de España, donde los grandes terratenientes elevaron al equino español a lo más alto.

Alejados de la ciudad, numerosos picaderos salpican las praderas de la sierra unas veces en manada, otras en comunidad con el ganado vacuno, tan apreciado en la sierra madrileña y abulense. El Escorial y San Lorenzo aúnan tierras de crianza en un enclave privilegiado para el caballo español.


Texto y Documentación Gráfica: Cristina Eguíluz Casanovas eguiluz.cristina@yahoo.es


 

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