DÍA DE TODOS LOS SANTOS por Pilar Nogales

Llega el otoño, las cosechas, las hogueras, la caída de la hoja, el olor a tierra mojada, los buñuelos, los pestiños y los huesos de santo…y, el último día de octubre, la noche de las brujas que precede al Día de Todos los Santos.

Según la tradición católica el día 1 de noviembre se conmemora a todas aquellas almas que, tras pasar por el Purgatorio y expiar sus pecados, se encuentran ahora en la Gloria de Dios. Esta costumbre se remonta a las primeras celebraciones conmemorativas de la muerte de mártires en Antioquia (Turquía), lo que se celebraba el domingo antes de Pentecostés. Poco a poco fue ganando importancia hasta que el Papa Gregorio III (731-741) consagró una capilla de la Basílica de San Pedro a Todos los Santos poniendo el día 1 de noviembre como fecha fija para la celebración. Posteriormente, Gregorio IV extendió a mediados del siglo IX el culto, el cual fue adaptado a la liturgia romana en el siglo XIV.

Samhain

Si hay algo que todas las religiones han tenido que hacer al imponer sus ceremonias y creencias es adaptar y adoptar las tradiciones anteriores. Por eso, no es de extrañar que la celebración de las almas sea el 1 de noviembre. Como en todo lo concerniente al Catolicismo, el mundo romano tiene mucho que ver, y bajo él, todas las culturas y pueblos que fueron doblegados y sometidos. De esta manera nos encontramos con la festividad celta de Samhain o Samain, conocida como Trinox Samoni en el Calendario Coligny de los druidas galos.

Samhain se celebraba la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre y marcaba el año nuevo celta. Este culto estaba extendido por toda Europa hasta Turquía y Oriente Próximo, en todas las zonas donde los celtas habitaron. Según la leyenda y los ciclos épicos, en la guerra entre dioses y hombres el día 1 de noviembre murió el gran héroe Cu Chúlainn, el cual se asemeja a otros héroes como Hércules en el mundo griego o Gilgamesh en Mesopotamia, dado su carácter semi-sobrenatural y divino.

¿Y por qué por la noche? Pues porque los celtas no contaban el inicio del día al amanecer si no al anochecer. Es aquí cuando empezaban los cánticos, las hogueras purificadoras y los rituales adivinatorios, pues, según creían, los espíritus pertenecen al invierno y este día el portal con el más allá se encontraba abierto, los duendes y las hadas cobraban más poder y se producía una alegre unión entre el mundo de los vivos y los muertos. De hecho se preparaban grandes banquetes esperando la llegada de los espíritus visitantes.

Samain sigue celebrándose en Escocia, Gales, Bretaña, Irlanda y la Isla de Man, donde se supone que los druidas tuvieron su último refugio.

Diosa Pomona

Con los romanos Samain no desapareció, muy por el contrario ellos también tenían su propia deidad para tal ocasión, la diosa Pomona. Pomona era diosa de la fruta, los jardines y los huertos, del olivo y de la vida y era representada con una hoz en la mano derecha. Todo ello no hace ni más ni menos que resaltar la importancia de los ciclos naturales en la vida espiritual del ser humano y la justificación mediante dioses de los fenómenos a los que está sometido nuestro sino.

Los celtas eran de origen indoeuropeo, al igual que otros muchos pueblos que acabaron poblando el Mediterráneo, tanto en Europa como en África. Si rastreamos podemos llegar a un común pasado, probablemente ario, en el cuál, idiomas como el sánscrito nos ayudan a ver relaciones y seguir las pistas hasta unas creencias más que emparentadas.

“El Festival de las Luces” o Diwali es celebrado por hinduistas

De esta forma podemos ir hasta la India, donde “el Festival de las Luces” o Diwali es celebrado por hinduistas así como por practicantes del sijismo y el jainismo. Esta fiesta dura cinco días marcando el año nuevo, en un calendario de base lunar, que hace que la fecha varíe entre mediados de octubre y mediados de noviembre. En esta ocasión, según la religión que se profese, se celebra la vuelta al mundo de un héroe o un dios, en cualquier caso, nuevamente encontramos el portal entre el mundo de los vivos y de los muertos abierto. En este caso las luces se encienden en puertas y ventanas y se preparan opíparas comidas para guiar en la noche y después agasajar a aquellos que regresan de luchar contra los demonios además de para alejar la oscuridad y atraer la prosperidad y la sabiduría.

Siguiendo con el hilo común encontramos en Alemania el Erntedank que se celebra a finales de septiembre o primeros de octubre, y que parece tener origen judío, griego o romano. Dentro del mundo judío tendríamos el Sucot y los vikingos celebraban el Vetrnætr, también en base lunar y que celebra el final del verano e inicio de la temporada de frío y cuyas deidades eran las Dísir, espíritus entre ambos mundos y los Alfar o elfos.

Como podemos ver existe una creencia general en los espíritus en trance entre mundos, unida a la celebración de la cosecha y la llegada del invierno y la época de recogimiento. Y con todo ello llegamos a Halloween, un sincretismo actual de estas tradiciones y que, aunque creamos invento americano no podría ser más nuestro, no tenemos más que visitar el norte de España o más cerca aún, la meseta celtíbera.

Halloween nuevamente entronca con Samain, cuando los espíritus vagaban libremente. El problema es que no sólo hay espíritus buenos, si no también malos, como el que ha llegado hasta nosotros en la figura anglosajona de Jack-o’-lantern o la linterna de Jack. Aunque este término no nos es muy conocido aquí, supone la explicación de las calabazas talladas. Jack fue un hombre tacaño, borracho y tramposo que acabó engañando al diablo con su muerte, de tal suerte que no queda para él sitio ni en el cielo ni en el infierno, por lo que su alma vaga por nuestro mundo con una linterna hecha de las llamas del infierno y llamando a las casas la noche de Halloween para ofrecernos la posibilidad de un trato o un truco. Para evitar su llegada se tallaban nabos que asemejaban los fuegos fatuos o las llamas del infierno, las cuales no podía atravesar. Con el tiempo estos nabos se transformaron en calabazas pues eran más fáciles de trabajar.

Esta versión adaptada al catolicismo tiene un origen mucho más antiguo como lo atestiguan las celebraciones celtas con luces en calabazas y nabos en norte y centro de Italia, Lombardía y Arco alpino, donde hasta 1.950 aproximadamente se esperaba a los muertos con una gran cena en la mesa.

La Santa Compaña

En España contamos con las meigas y la Santa Compaña en Galicia, en el centro peninsular pueblos como Manzanares el Real, Fuentidueña del Tajo o el Vellón tallaban calabazas y se colocaban en las puertas y ventanas con una luz dentro, a veces también nabos, botijos o calabacines. El “Ritual de las Ánimas”, en Soria, fue algo que inmortalizó Bécquer y que consiste en una procesión con velas, muchas veces protegidas dentro de calabazas hasta culminar en una gran hoguera. En definitiva, una tradición común con distintas versiones que han ido fundiéndose y que quizá se haya recuperado de una forma desvirtuada.

No obstante, aún quedan costumbres que nos enlazan al pasado más antiguo, como las salidas al campo o al monte en Cádiz, Ceuta o Baños de la Encina (Jaén), o como la tradición de comer frutos secos de distintas formas como la Castañada aragonesa y catalana o la Chaquetía extremeña, entre otras muchas.

Huesos de Santo y Buñuelos

Por tanto, sólo nos queda, independientemente de nuestras creencias, disfrutar de la variedad de culturas y tradiciones que nos rodean y dejarnos agasajar el paladar con los pestiños, huesos de santo, panellets, pan de higo o arrope, según el gusto y honrar, cada uno como considere, a aquellos que ya no están con nosotros y celebrar la dicha de la vida con los que nos acompañan.


Texto: Pilar Nogales – pilar_nogales_g@hotmail.com

Documentación Gráfica: Creative Commons


 

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