CASA MUSEO DE JULIO ESCOBAR EN LOS MOLINOS, por Marta Martín Fernández

La CASA MUSEO JULIO ESCOBAR, recoge parte de las pertenencias en vida de este escritor, de su esposa Sagrario Faura Álvarez de Abreu y de su suegro el General Faura Gabiot.

Construida en los años 20 del siglo XX y denominada “Las Angustias”, Julio la convertiría en su hogar los últimos seis años de su vida (desde 1988), cediéndola en su testamento (murió en Los Molinos el 30 de julio de 1994) al Ayuntamiento de Los Molinos con el fin de que se pudiera convertir en espacio cultural y social para todos los molineros. Gracias a la rehabilitación de este importante inmueble, finalmente en el 2009 fue inaugurado como Casa-Museo del Municipio, cumpliendo en julio de 2017 la última voluntad de Julio.

Muebles, libros, medallas, armas, cuadros; una extensa colección de tinteros, otra de abanicos; objetos religiosos y de culto; pinturas y fotografías ambientan las salas.

Paneles explicativos recogen fotografías y documentos esenciales de la vida de esta familia.

Enrique Faura Gabiot construyó la única casa colonial, exceptuando la del barón, en el centro urbano de Los Molinos “Villa Marujita”, hoy conocido como “El Torreón”, que luego heredó su única hija junto a otras posesiones en Los Molinos.

Es importante destacar la relación familiar y cercana que mantuvo Sagrario Faura con el Marquesado de la Regalía, pues su madre era hija del 5º Marqués de Regalía y aunque no heredó ningún título, la presencia y cercanía de esta familia en la vida de Sagrario estuvo siempre presente hasta su muerte el 24 de enero de 1981. Sagrario Faura Álvarez de Abreu nació, el 6 de Mayo de 1883 en el Palacio de Carlos II en Ugena (Toledo). Palacio perteneciente a sus abuelos maternos : don Nicolás Álvarez de Abreu y Mora, 5º Marqués de la Regalía y doña María Magdalena Ibarzábal y Guridi. El edificio es actualmente Ayuntamiento de Ugena.

Julio Escobar del Cubo, conocido como “el novelista de Castilla”, nació el 19 de enero de 1901 en el pueblo abulense de Arévalo, capital de la comarca de La Moraña, en el norte de Ávila.

Desde pequeño dio muestras de una gran afición por la escritura y la poesía, lo que propició que en su juventud -a pesar de realizar estudios de perito mercantil- diese rienda suelta a esta pasión y comenzara a dedicarse activamente en la creación de artículos, llegando a formar parte del semanario La Llanura, creado el 14 de octubre de 1922, como escritor y secretario. Las dificultades del semanario y su clausura provocaron la decepción de Julio escobar, que decidió cambiar de rumbo y orientarse hacia el sector bancario y de las artes gráficas.

Julio Escobar y su esposa Mª del Sagrario Faura Álvarez de Abreu

Esta nueva etapa dio un giro cuando, a finales del siglo veinte, conoció en uno de los bailes de alta sociedad en el Palacio Benedicti (Ávila) a la que habría de ser su esposa, doña Mª del Sagrario Faura Álvarez de Abreu, hija del General de Infantería don Enrique Faura Gabiot y de doña María Álvarez de Abreu Ibarzábal. Contrajeron finalmente matrimonio el 10 de abril de 1930, en la iglesia madrileña del Pilar. Doña Sagrario, que veraneaba en el pueblo de Los Molinos desde 1913, transmitió a Julio el amor por este pueblo, si bien ambos vivieron la mayor parte de su tiempo en su domicilio madrileño del número 5 del Paseo de Eduardo Dato, en el céntrico barrio de Chamberí.

Hacia la década cincuenta y sesenta, su nombre comenzó a cobrar fama, relacionándolo con el de uno de los escritores más sobresalientes en la prosa de corte castizo, rural y social de su tiempo.

Julio Escobar escribió un total de quince obras entre novelas y ensayos, ambientadas las primeras mayoritariamente en el entorno rural (por norma general en Arévalo) y sus gentes, tan del gusto de la época como había venido ya haciendo el célebre Antonio Machado. En ellas intentó realizar un retrato de la complicada situación que estaba viviendo el entorno rural debido a la crisis agraria, el auge de las grandes ciudades y la emigración masiva de la población a ellas. De esta forma, analiza el cambio social y cultural que trajo consigo este éxodo rural y la consiguiente pérdida de los valores y costumbres rurales más arraigados, en detrimento del atractivo y sugerente espíritu cosmopolita y urbano.

Su primera obra impresa fue “No supe por qué” (1926), de conteniendo autobiográfico. Dos años después, en 1928, decidió escribir un artículo en el que realizaba una dura y enconada crítica titulada “El Arévalo muerto”, en la que escribía enardecido contra la barbarie y la ignorancia de quienes destruían impunemente el patrimonio histórico de este pueblo, famoso entre otras cosas por ser la residencia durante la infancia y juventud de la reina Isabel la Católica.

En su ensayo “Azulejos españoles, pasiones-costumbres-paisajes” (1947), realizó una interesante panorámica de los pueblos y lugares de la vieja Castilla en los que había estado, describiendo sus gentes, costumbres y fiestas. Su segundo ensayo llegó dos años después, en 1949, bajo el título “Andar y ver: breviario de un observador”.

“El Torreón” construido por Enrique Faura Gabiot

A partir de esta obra comienza en los años 50 su etapa de producción más novelesca en la que da a luz a obras como “El hidalgo de Madrigal” (1951), que dedica al municipio de Madrigal de las Altas Torres del que fue nombrado hijo adoptivo; “Teresa y el Cuervo” (1954) en el que se reconocen vecinos y lugares del Arévalo del siglo pasado; o “Cinco Mecanógrafas y un millonario” (1955). De este mismo año también es la obra “Charlas de los sábados. Charlas de teatro. Radio Del Estado” que se sale de la temática en la que estaba inmerso en esta época. Continuó en 1957 con “La viuda y el alfarero”; “Una cruz en la tierra” (1959); y la primera obra de su trilogía sobre el análisis social y folclórico que realiza de Castilla, “El viento no envejece” (1964).

En 1965 publicó el libro que mayor fama le ha brindado: “Itinerario por las cocinas y bodegas de Castilla”, en el que hace un recorrido por los fogones castellanos de toda índole: desde mesones, posadas y fondas tanto de ciudades como de aldeas, pasando por romerías, bodas, fiestas y ferias. Esta obra fue declarada de Interés Turístico por el Ministerio de Información y Turismo y llegó a alcanzar, según aseguró el propio Escobar, hasta diez ediciones.

Posteriormente, continuó la trilogía de Castilla con la segunda y tercera entregas tituladas “Se vende el campo” (1966) y “La sombra de Caín” (1968). Sus últimas novelas fueron “Vengadores de cenizas” (1970); concluyendo paradójicamente su trayectoria literaria con la obra que le dedicó a su Arévalo natal que le había declarado hijo predilecto: “El novillo del alba” (1971). Julio Escobar murió en Julio lo convertiría en su hogar los últimos seis años de su vida (desde 1988), cediéndolo en su testamento al Ayuntamiento de Los Molinos con el fin de que se pudiera convertir en espacio cultural y social para todos los molineros. Gracias a la rehabilitación de este importante inmueble, finalmente en el 2009 fue inaugurado como Casa-Museo del municipio, cumpliendo en la actualidad, el día 7 de julio de 2017, la última voluntad de Julio.


Texto y Documentación: Marta Martín Fernández. Técnico de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Los Molinos
Fotografías del Museo: Marisa Ortega
Agradecimiento: A Javier Garrobo, por la magnífica ilustración de Julio Escobar realizada para la portada.


 

 

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