BATALLA DE SAN QUINTÍN, por Pilar Nogales

San Quintín

Este año se cumplen 460 años del suceso que dio origen a una frase que todos hemos escuchado “¡Y se armó la de San Quintín!”. Pero es muy probable que mucha gente no sepa el porqué o qué o quién fue San Quintín.

Felipe II

Corría el año 1557 y el rey Felipe II era dueño de medio mundo conocido, jactándose de que el sol no se ponía en sus dominios, lo cual era cierto, pues a parte de ser rey de España y Portugal, tenía Baleares, Canarias, Cerdeña, Países Bajos, Filipinas, México, Perú, Nápoles, Sicilia y Milán, entre otros territorios y, para más pompa, estaba casado con María Tudor, reina de Inglaterra, lo que le convertía en rey consorte de todo lo que tuviera este país, que no era poco.

Cabe destacar que tanto María I como Felipe II eran descendientes de los Reyes Católicos, ella era nieta, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, él hijo de Carlos I, es decir, bisnieto de Isabel y Fernando. Cuando María I cumplió 37 años decidió casarse para tener descendencia y se quedó prendada de Felipe II, según se cuenta, por un retrato de cuerpo entero que le había hecho Tiziano al monarca español y que actualmente se encuentra en el Prado. La alianza política no se hizo esperar, aunque lo que no llegaron fueron los vástagos reales en los cinco años que duró el matrimonio, desde 1553 hasta la muerte de María I en 1558.

Sea como fuere, el rey de Francia, Enrique II, se encontraba rodeado y sin posibilidad de expandir territorio, y viendo la posible amenaza de un imperio que podía absorberle. Por otro lado, en Italia, el Papa Pablo IV tampoco tenía en muy buena estima a la monarquía española, especialmente desde que Carlos I, padre de Felipe II, saquease Roma en 1527 imponiendo la supremacía del Sacro Imperio Romano Germano al Papado aliado con Francia.

Enrique II de Francia

Con el panorama político de esta manera no es de extrañar que el Papa, napolitano de nacimiento, quisiera expulsar a los españoles de Italia y que, como pasara ya anteriormente, se aliara con el rey de Francia para ello. De esta forma el ejército de Enrique II dirigido por el Duque de Guisa llegó al Milanesado y a Nápoles gracias a la ayuda papal pero no contaban con la astucia y potencia militar de los Tercios españoles comandados por el Duque de Alba, que hizo retroceder a los franceses y acorraló a Pablo IV, quien, viéndose en situación tan comprometida, decidió excomulgar a Felipe II.

Y es que los Tercios son considerados el primer ejército moderno, oficialmente creados por Carlos I en 1534 y disueltos en 1704, aunque se cree que su verdadero origen es anterior y que El Gran Capitán (1453-1515) ya fue uno de sus grandes miembros. Eran un cuerpo de infantería con gran resistencia en el campo de batalla y fueron la unidad militar más importante para la casa de los Austrias.

Tras la ofensiva francesa llegó el turno de los españoles. Felipe II movilizó a las tropas de los Países Bajos con intención de invadir Francia. Felipe II viajó entonces a Inglaterra para solicitar ayuda a su esposa, quien le facilitó 9.000 libras y 7.000 hombres. Mientras, el Duque de Saboya, que se había pasado al bando español en tiempos de Carlos I cuando Francia despojó a su familia de tierras y riquezas, esperaba en la frontera entre Francia y Flandes.

En esa frontera se encuentra San Quintín, una localidad en lo alto de una colina que domina más de dos leguas alrededor (unos 11 km) y que en aquél entonces estaba cerrada al Suroeste por varios pantanos y el río Somme. El Duque de Saboya contaba con 7.000 hombres de infantería, 5.000 de caballería y 80 cañones.

Duque de Saboya

En un primer momento el Duque de Saboya hizo creer que se dirigiría a atacar la zona de Campaña para luego ir a Guisa, por lo que esta zona se reforzó militarmente dejando San Quintín a merced de su suerte, pues sólo contaba con una pequeña guarnición de defensa.

El 2 de agosto el ejército español atacó y se hizo con el arrabal, los franceses mandaron al almirante Gaspar de Coligny con unos 500 hombres que lograron entrar en la ciudad para defenderla. Intentaron llegar el hermano de Coligny con 4.500 hombres (cayó en una emboscada) y el tío, el Duque de Montmorency.

Duque de Montmorency

Montmorency contaba con un gran ejército que estaba compuesto por 22.000 soldados de infantería, 8.000 de caballería y 18 cañones, números en general bastante superiores a las tropas españolas, lo que debería haberle dado la victoria. No obstante, el 10 de agosto de 1557, el odio que el Duque tenía a su igual, el de Saboya, le hizo cometer varias imprudencias, haciendo que sus hombres abandonaran el abrigo del bosque y avanzasen hacia el ejército español dejando además desprotegido el acceso a San Quintín por el río Somme. Con varios frentes abiertos, los españoles aniquilaron al ejército francés y sólo unos 200 hombres lograron llegar a la ciudad para unirse a las tropas de defensa.

Informado de la contundente victoria, el día 13 de agosto Felipe II fue a felicitar al Duque de Saboya, pero pese a la algarabía y espíritu general, no quiso marchar hacia París hasta tener la plaza completamente asegurada, pues aún resistían en su interior las defensas francesas, las cuales no se rindieron hasta el 27 de agosto. Esta forma de actual le valió el sobrenombre de “el Prudente”.

Batalla de las Gravelinas

La guerra franco-española no terminó en este momento, si no que faltaría otra decisiva batalla, la de las Gravelinas, cerca de Calais, el 13 de julio de 1558. En esta ocasión Enrique II fijó sus objetivos en debilitar Inglaterra, alentando a los escoceses a invadirla y tomando Calais, también marchó contra Flandes y pidió ayuda al sultán otomano. El ejército español no se hizo esperar y los franceses, a la vuelta de su ofensiva, fueron interceptados por el Conde de Egmont.

La victoria española fue aplastante y Enrique II se vio obligado a firmar la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559. En este acuerdo participaron Enrique II de Francia, Felipe II de España e Isabel I de Inglaterra, pues, recordemos, María I murió en 1558. Los acuerdos allí tomados se mantuvieron durante un siglo, y entre ellos estaban la boda del Duque de Saboya con Margarita de Valois y la de Felipe II, (viudo ya dos veces), con Isabel de Valois, hermana e hija de Enrique II, respectivamente.

Entre todo este vaivén de guerras y alianzas matrimoniales, en 1558 muere en el Monasterio de Yuste Carlos I, padre de Felipe II, dejando en su testamento la petición de que se construya un panteón real para él, su esposa, Isabel de Portugal y sus descendientes. Por ello Felipe II crea una comisión para encontrar el lugar adecuado en la Sierra de Guadarrama, pues estaba en el centro de la Península Ibérica, decidiéndose por El Escorial en 1560.

Sala de Las Batallas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

De esta forma, siguiendo las peticiones de su padre y para honrar la Batalla de San Quintín, acaecida en la festividad de San Lorenzo, Felipe II encargó a Juan Bautista de Toledo la obra a la que se sumarían Juan de Herrera y Juan de Valencia en 1563. Esta obra, considerada una de las más importantes del Renacimiento español, duraría hasta 1584, veintiún años de construcción que darían pie a otra famosa frase “tarda más que las obras de El Escorial”.

En La Sala de Batallas del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en la pared norte, se encuentran representadas nueve escenas de la batalla de San Quintín, entre otras. Si pueden, no dejen de visitar esta sala del Monasterio, es realmente sorprendente.


Texto Pilar Nogales: pilar_nogales_g@hotmail.com

Documentación Gráfica: Marisa Ortega.

Creative Commons.


 

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