ANITA DELGADO: Una princesa en la India, por Pilar Nogales

Puede que lo que voy a contar en este artículo sea uno de los hechos menos conocidos de nuestra historia pese a ser un cuento de hadas al más puro estilo de los Hermanos Grimm, pues vamos a hablar de una humilde bailarina malagueña que llegó a ser, por azares del destino, Princesa de Kapurthala, ni más ni menos: Anita Delgado.

Junto a su hermana Victoria, y en contra de los deseos de su padre, forma el dúo de baile Las Camelias

Ana María Delgado Briones nació en Málaga el 8 de febrero de 1890, en el seno de una familia de clase media que, empobrecida por la crisis que asolaba España, se vio obligada a trasladarse a Madrid. En la capital, junto a su hermana Victoria, y en contra de los deseos de su padre, forma el dúo de baile Las Camelias, haciendo de teloneras en los entreactos del Central Kursal, un café de variedades de moda. Siempre bajo la atenta vigilancia de su madre, que guardaba que las jóvenes no alternaran ni trasnocharan más de lo debido, salvaguardando así su honra.

En el Kursal se juntaban intelectuales de la época como Valle-Inclán, Ricardo Baroja o Julio Romero de Torres. Estos dos pintores pidieron a las hermanas que posaran para ellos, Anita se negó pero su hermana Victoria aceptó gustosa.

Anita Delgado retratada por Anselmo de Miguel Nieto (Valladolid 1881-1964)

Por aquél entonces Alfonso XIII iba a casarse con Victoria Eugenia y a Madrid acudieron mandatarios de todo el mundo, entre ellos un príncipe, “moro o cubano”, según relató la muchacha en sus memorias, y que llamó poderosamente su atención: se trataba del rajá Jagatjit Singh de Kapurthala. Y como en los cuentos, dio la causalidad que el maharajá fue esa noche al Central Kursal, quedando prendado de Anita. Pese a sus intentos de cortejo, primero desde Madrid, y luego desde París, tras el atentado a Alfonso y Victoria Eugenia, fue rechazado una y otra vez.

Rajá Jagatjit Singh de Kapurthala

Anita, siguiendo los consejos de su madre, Doña Candelaria, le escribió una carta para mostrar nuevamente su rechazo al matrimonio pero la posibilidad de continuar el cortejo en París, siempre con unas condiciones que mantuvieran digna su honra. La carta llegó a manos de Valle-Inclán y demás intelectuales del café, que viendo el lenguaje y faltas de ortografía, decidieron, a forma de broma, reescribirla con unos requisitos específicos para el matrimonio, el cual Valle-Inclán calificó como “cuestión de Patriotismo”. La carta, traducida al francés por un ingeniero vasco que también pertenecía al grupo de amigos, hizo que el rajá aceptara las condiciones, y de esta manera, Anita, junto con sus padres y su hermana se trasladaron a París.

Cabe mencionar que, entre los requerimientos para el traslado a París y la posterior boda, como era de suponer, el rajá debía dejar de lado a sus anteriores cuatro esposas, tomadas por él por conveniencia política, así como su harén. Lo cual parece que hizo.

En París la joven, de 16 años, empezó a vivir con una institutriz, una dama de alta alcurnia que se encargaba de vigilar y educar a la malagueña, la cual recibió clases de protocolo e idiomas, conducción, equitación, tenis, baile, dibujo, piano, geografía… Todo aquello que necesitaba una futura reina que se codearía con la más alta sociedad mundial.

Anita Delgado (con 17 años de edad) en su boda en París

Antes de su viaje a la India los padres de Anita les obligaron a celebrar una boda cristiana, en París, tras la cual el rajá partió. De esta manera se aseguraban un matrimonio cristiano y por lo tanto válido para ellos. Poco después partiría Ana hacía Bombay, y tras una travesía de dos meses, llegó a la que sería su nueva patria. Nada más desembarcar se sintió indispuesta y se desmayó. La visita del médico le indicó que estaba embarazada del que sería príncipe heredero: Ajit Singh.

Aunque ya se había celebrado la boda cristiana en petit comité, como no podía se de otra manera, faltaba la boda de cuento de hadas. El 28 de enero de 1908 Anita Delgado, vestida con un lujoso sari color grosella y con bordados de oro y plata, perfectamente engalanada y enjoyada, fue al encuentro de su amado, a lomos de un elefante. Todo un espectáculo que distaba mucho de las bodas tradicionales europeas, y donde la nueva maharaní ocupaba el centro de atención.

La vida de Ana Delgado había dado un giro de 180º: cacerías, viajes, fiestas,… Ana y su marido eran el centro de todas las reuniones y viajes, pues se podía entender que un rey indio vistiera y se comportara al modo europeo pero no así que una mujer europea dejara su país y costumbres para vestir un sari. Del mismo modo su hermana Victoria se casó con un rico estadounidense llamado Jorge Winans. La fortuna había sonreído a las Camelias, o al menos eso parecía.

En 1914, al estallar la I Guerra Mundial el maharajá viajó para unirse al ejército inglés. Ana le acompañó a Europa donde colaboró y realizó numerosas donaciones a hospitales franco-británicos. En 1915 se publicó, en Nueva York, el libro “Impressions de mes voyages aux Indes” escrito por la andaluza.

Llegando 1917 Victoria fue abandonada por su marido que se fue con una de sus amantes. A la pobre muchacha el abandono, la Guerra y la peste española no la dejaron pasar de los 29 años, cuando murió dejando a cuatro hijos.

Anita junto a su hijo el heredero Maharajkumar Ajit Singh

Este fue un duro golpe para nuestra princesa. Además, durante un segundo embarazo tuvo serías complicaciones que llevaron a un aborto, una peligrosa cirugía y una larga recuperación fuera de Kapurthala. A su regreso supo que el rajá le había sido infiel y cuando su hijo cumplió 18 años, tras haber ratificado sus derechos sucesorios, en 1925, se separó del maharajá y dejó la India para no volver.

Vivió entre París, Málaga y Madrid pero manteniendo una cortés relación de amistad con su ex-marido, de hecho se sabe que la muerte de éste, en 1949 la afectó profundamente. En 1936 se reencontró con un amigo de la infancia, Ginés Rodríguez Fernández de Segura, y desde ese momento comenzó un idilio que duró hasta la muerte de Anita. Ginés, también separado de su primera esposa, pasó a ocupar el puesto de “secretario” de Ana, guardando así las apariencias y evitando perder la rica pensión que el rajá pasaba a su ex-mujer.

Pasaron los años y el 7 de julio de 1962 Anita falleció en Madrid como consecuencia de un fallo cardíaco. Murió en los brazos de su hijo, quien nunca se casó ya que su prometida, una joven estadounidense, murió en un accidente de avión cuando volaba para preparar la boda. Toda una historia apasionante que no terminó hasta que, pese a las objeciones de la Iglesia católica, Ana Delgado fue enterrada en el Cementerio de San Justo, en Madrid, donde podemos ver su tumba con los emblemas que la identifican como princesa de Kapurthala: la daga Sikh y la corona de la Casa de Kapurthala.

Palacio de Jagatjit en Kapurthala

Texto: Pilar Nogales: pilar_nogales_g@hotmail.com

Documentación Gráfica: Creative Commons


 

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